EE.UU. enfrenta riesgo de carrera nuclear con China tras crisis del control con Rusia

La arquitectura de seguridad nuclear que durante décadas contuvo la rivalidad entre Washington y Moscú atraviesa una fase crítica. El debilitamiento —y eventual expiración— del tratado New START, último instrumento bilateral de limitación de armas estratégicas entre Estados Unidos y Rusia, ha abierto un vacío estructural en el sistema de control nuclear global. En paralelo, el acelerado proceso de modernización militar de China introduce una tercera variable que redefine el equilibrio estratégico del siglo XXI.

El riesgo no es inmediato, pero sí acumulativo y estructural.

El tratado que contenía la competencia

El tratado New START, firmado en 2010 y prorrogado hasta 2026, estableció límites verificables sobre ojivas desplegadas y sistemas de lanzamiento estratégicos. Durante más de una década, funcionó como mecanismo de transparencia, inspección y previsibilidad entre las dos mayores potencias nucleares.

Sin embargo, las tensiones derivadas de la guerra en Ucrania y la suspensión de mecanismos de inspección por parte de Rusia han erosionado su operatividad práctica. El presidente ruso Vladimir Putin anunció la suspensión de la participación activa en el tratado, mientras Washington sostiene que el marco sigue vigente formalmente, aunque debilitado.

El presidente de Estados Unidos, Donald J. Trump, ha reiterado que cualquier nuevo acuerdo debe incluir a China, argumentando que el equilibrio nuclear ya no puede sostenerse bajo un esquema estrictamente bilateral. El problema es que China nunca formó parte de ese entramado histórico de limitaciones.

Riesgo de carrera nuclear entre EE.UU. y China
La modernización simultánea de arsenales y la incorporación de tecnologías emergentes elevan la complejidad del equilibrio nuclear global.

China y la expansión estratégica silenciosa

El crecimiento del arsenal chino es el factor que altera el tablero. Informes del Departamento de Defensa estadounidense estiman que Beijing podría multiplicar significativamente su número de ojivas en la próxima década. La construcción de nuevos silos en regiones desérticas y el desarrollo de misiles hipersónicos han elevado las preocupaciones en Washington.

El presidente chino Xi Jinping mantiene la doctrina oficial de “no primer uso”, pero la modernización tecnológica y la expansión cuantitativa modifican la percepción estratégica de sus rivales. El secretario de Estado estadounidense ha señalado que la estabilidad estratégica del futuro debe ser trilateral, aunque Beijing argumenta que su arsenal sigue siendo menor que el de EE.UU. y Rusia.

La ausencia de un tratado trilateral convierte la expansión china en una variable fuera de control normativo.

Modernización y disuasión en un mundo multipolar

Estados Unidos ejecuta un programa integral de modernización nuclear que incluye el reemplazo de misiles balísticos intercontinentales, nuevos submarinos estratégicos y bombarderos de largo alcance. Rusia mantiene capacidades avanzadas en misiles hipersónicos y sistemas de disuasión de segunda respuesta. China acelera su diversificación tecnológica.

La secretaria adjunta de Defensa para Política Nuclear ha sostenido que la modernización no busca superioridad, sino mantener credibilidad disuasiva. Sin embargo, la lógica de la disuasión se basa en percepciones de vulnerabilidad. Si una potencia percibe que otra gana ventaja, la reacción suele ser acumulativa.

La incorporación de inteligencia artificial en sistemas de mando y control, junto con armas hipersónicas de alta precisión, añade una capa de incertidumbre que los tratados tradicionales no contemplaban.

El vacío normativo y el riesgo sistémico

Durante la Guerra Fría, la estabilidad se construyó mediante acuerdos incluso en contextos de profunda hostilidad. Hoy, el deterioro del diálogo estratégico complica la posibilidad de renovar o reemplazar tratados.

Sin límites verificables y sin inspecciones mutuas, el sistema pierde previsibilidad. La competencia podría trasladarse no solo al número de ojivas, sino a la calidad tecnológica y velocidad de despliegue.

Expertos en seguridad internacional advierten que el mayor peligro no es una decisión deliberada de iniciar una carrera, sino la acumulación progresiva de decisiones defensivas que generan espirales de reacción.

Riesgo de carrera nuclear entre EE.UU. y China
El vacío normativo en control de armas abre interrogantes sobre el futuro de la estabilidad estratégica mundial.

¿Una nueva era nuclear?

El mundo multipolar no replica el equilibrio bipolar del siglo XX. La interacción entre Estados Unidos, Rusia y China crea un triángulo estratégico donde cada movimiento altera el cálculo de los otros dos.

Estados Unidos corre el riesgo de una carrera armamentística nuclear con China si el vacío dejado por el debilitamiento del control con Rusia no es sustituido por un nuevo marco multilateral. No se trata solo de cantidad de armas, sino de arquitectura de confianza.

El desafío es diplomático y tecnológico simultáneamente. Requiere voluntad política, canales de comunicación abiertos y reconocimiento mutuo de vulnerabilidades estratégicas.

La pregunta inevitable es directa:

¿Será posible construir un nuevo régimen de control nuclear adaptado al siglo XXI o estamos entrando en una etapa donde la competencia estratégica vuelve a carecer de límites formales?

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