Premio Nobel de Economía halló en el colonialismo al paciente cero del virus de la pobreza

El colonialismo, fenómeno que marcó gran parte de la historia moderna, es señalado por los galardonados del Premio Nobel de Economía como el origen de muchas de las disparidades económicas que persisten hasta hoy. Daron Acemoglu, Simon Johnson y James Robinson, distinguidos con el prestigioso galardón, centraron su trabajo en cómo las instituciones políticas y económicas se desarrollaron a lo largo de los siglos, influenciadas por las experiencias coloniales. Interpretando su análisis, el colonialismo podría ser descrito como el «paciente cero» del virus de la pobreza, el que sentó las bases de sistemas desiguales que aún afectan a numerosas naciones en el mundo.

El periodista Paul Hannon, editor de economía en Dow Jones Newswires en Londres, fue quien informó en The Wall Street Journal sobre la concesión del Premio Nobel de Economía a Acemoglu, Johnson y Robinson. En su artículo titulado «Nobel de Economía otorgado a los autores de ‘Por qué fracasan los países’ y a un exmiembro del FMI», Hannon destacó que estos tres economistas fueron reconocidos por su trabajo sobre la formación de instituciones y cómo estas impactan las diferencias de prosperidad entre los países. Hannon, quien cuenta con una amplia trayectoria cubriendo temas económicos globales, subrayó cómo este enfoque institucional ha revolucionado la comprensión de las desigualdades globales.

El colonialismo está convicto

El colonialismo, según los laureados, jugó un papel determinante en el establecimiento de instituciones que, en muchos casos, perpetuaron sistemas extractivos en lugar de inclusivos. En su obra «Por qué fracasan los países: Los orígenes del poder, la prosperidad y la pobreza», Acemoglu y Robinson argumentan que las colonias donde prevalecían instituciones extractivas—diseñadas para beneficiar a un pequeño grupo a expensas de la mayoría—vieron limitado su desarrollo económico. Estas instituciones fueron diseñadas para maximizar los beneficios para las potencias coloniales, sin importar el costo para las poblaciones locales, lo que sentó las bases para un crecimiento desigual y una profunda pobreza en muchas de estas naciones, un legado que sigue vivo en el siglo XXI.

En su obra «Por qué fracasan los países: Los orígenes del poder, la prosperidad y la pobreza», Acemoglu y Robinson argumentan que las colonias donde prevalecían instituciones extractivas—diseñadas para beneficiar a un pequeño grupo a expensas de la mayoría—vieron limitado su desarrollo económico. Ilustración MidJourney

A través de un enfoque histórico-institucional, los premiados evidenciaron cómo las instituciones inclusivas, aquellas que promueven la participación equitativa en el proceso económico, fomentan la prosperidad. En contraste, las instituciones extractivas, que surgieron del colonialismo, generaron economías centradas en la explotación de recursos naturales y humanos, sin crear las bases para un desarrollo sostenible. La clave, señalan los autores, es que la pobreza y la desigualdad en muchos países no son simplemente el resultado de la mala gestión contemporánea, sino que son síntomas de estructuras profundamente arraigadas en el pasado colonial.

El multiverso de Nogales

El ejemplo de Nogales, una ciudad dividida entre México y Estados Unidos, es uno de los más gráficos en la investigación de Acemoglu y Robinson. La ciudad, que comparte el mismo clima, recursos naturales y similitudes culturales, muestra una diferencia abismal en el nivel de prosperidad entre ambos lados de la frontera. La parte estadounidense, gobernada por instituciones inclusivas que protegen los derechos de propiedad y promueven la participación ciudadana, es considerablemente más rica que su contraparte mexicana, donde las instituciones han sido más propensas a la corrupción y la exclusión. Esta dicotomía, argumentan los galardonados, es un microcosmos de las diferencias que el colonialismo dejó en el mundo.

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La trayectoria de Simon Johnson, ex economista jefe del Fondo Monetario Internacional (FMI), también añade una dimensión importante al análisis del colonialismo. Johnson ha trabajado durante años en las repercusiones económicas que enfrentan los países que heredaron instituciones disfuncionales de sus antiguos colonizadores. Según su visión, muchas de las economías más afectadas por la pobreza crónica, como las de África y América Latina, fueron víctimas de un tipo de colonización que promovía la extracción de recursos y la explotación de la fuerza laboral, en lugar de construir las bases de una economía robusta e inclusiva. Esta diferencia fundamental es lo que sigue marcando el éxito o el fracaso de muchas naciones en desarrollo hoy en día.

Élites y estancamiento

El colonialismo no solo trajo consigo la explotación de recursos, sino también una estructura política y social que consolidó las élites locales, quienes mantenían los intereses de las potencias extranjeras. En muchos casos, estas élites locales, que se beneficiaron de los sistemas coloniales, continuaron ejerciendo el poder después de la independencia, perpetuando las instituciones extractivas. Este ciclo de explotación, combinado con la falta de innovación y desarrollo inclusivo, condujo a un estancamiento económico que ha sido difícil de revertir.

Sin embargo, como menciona Acemoglu, no todo está perdido. Su investigación también demuestra que es posible cambiar las instituciones y pasar de un sistema extractivo a uno inclusivo. La democratización, según los autores, ha sido uno de los mecanismos más efectivos para promover la prosperidad a largo plazo. Las democracias tienden a proteger los derechos de propiedad, fomentar la educación y crear las condiciones para la innovación, aspectos que las dictaduras y los regímenes autoritarios no logran sostener. Aunque países como China parecen desafiar esta teoría con su reciente auge económico bajo un sistema autoritario, Acemoglu sostiene que este crecimiento es inestable y no puede perdurar a largo plazo sin una transformación hacia instituciones más inclusivas.

El Premio Nobel de Economía 2024 ha puesto de relieve una verdad incómoda: muchas de las naciones más pobres del mundo siguen sufriendo las consecuencias de un pasado colonial que crearon instituciones diseñadas para la extracción y no para el bienestar. Ilustración MidJourney.

Superando a Adam Smith

La comprensión de las diferencias económicas entre los países ha evolucionado significativamente desde los tiempos de Adam Smith, quien escribió «Una investigación sobre la naturaleza y las causas de la riqueza de las naciones» en 1776. Mientras que Smith se centró en la división del trabajo y el comercio como los motores principales de la prosperidad, los trabajos más recientes de economistas como Douglass North, y ahora Acemoglu, Johnson y Robinson, han destacado el papel central que juegan las instituciones en este proceso. El colonialismo, en este sentido, es visto como un experimento económico a gran escala que, en muchos casos, sentó las bases para las profundas desigualdades que existen hoy en día.

El Premio Nobel de Economía 2024 ha puesto de relieve una verdad incómoda: muchas de las naciones más pobres del mundo siguen sufriendo las consecuencias de un pasado colonial que crearon instituciones diseñadas para la extracción y no para el bienestar. Para Acemoglu, Johnson y Robinson, el desafío es claro: transformar esas instituciones en motores de prosperidad inclusiva. Y aunque este camino es difícil y lleno de obstáculos, su investigación ofrece un rayo de esperanza. La historia no está predeterminada, y los países que han heredado sistemas coloniales disfuncionales tienen la capacidad de cambiarlos y forjar un futuro más próspero.

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Este reconocimiento del colonialismo como la fuente primaria de muchas de las desigualdades actuales subraya la importancia de no solo mirar hacia el futuro, sino también reconocer y aprender del pasado. La pobreza no es una enfermedad sin cura, pero su tratamiento requiere una transformación institucional profunda, un reto monumental que los ganadores del Premio Nobel han puesto en el centro del debate económico global.

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