La insulina, el complot para asesinar a Mollie y la película que brilló en el Oscar

En un mundo donde la promesa de curas milagrosas a menudo se desvanece en el aire, la historia de la insulina emerge como un faro de esperanza genuina. Esta hormona, descubierta en los albores del siglo XX, no solo revolucionó el tratamiento de la diabetes tipo 1, sino que también se convirtió en una protagonista insospechada en una trama de misterio y cinematografía que alcanzó su clímax en los premios Óscar de 2024. La película «Los asesinos de la luna», dirigida por Martin Scorsese, y su resonancia en la cultura popular, es solo la punta del iceberg de una narrativa mucho más profunda y entrelazada con la vida de Mollie Kyle, una mujer Osage cuya existencia se vio marcada por la enfermedad, el engaño y la tragedia.

Este reportaje, inspirado en el trabajo de Manuel Peinado Lorca, catedrático emérito y director del Real Jardín Botánico de la Universidad de Alcalá, se sumerge en la intersección de la medicina, la historia y el cine. Peinado Lorca, en su colaboración con The Conversation versión española, destaca la insulina como uno de esos raros «fármacos milagro» que realmente cumplen con su promesa. En su pieza: «‘Los asesinos de la luna’ y la invención de la insulina», nos recuerda cómo este descubrimiento ha sido fundamental no solo en la medicina sino en las vidas de incontables individuos, incluida Mollie Kyle, cuya historia sirvió de lienzo para una obra maestra cinematográfica.

El guion de la insulina

La insulina, una hormona esencial para la metabolización del azúcar en el cuerpo, se convirtió en la primera línea de defensa contra la diabetes mellitus tipo 1, una enfermedad autoinmune que, antes de su descubrimiento, era esencialmente una sentencia de muerte. Los pacientes, incapaces de metabolizar el azúcar debido a la falta de insulina, se veían forzados a depender de dietas restrictivas que apenas lograban prolongar su agonía. La situación cambió radicalmente entre el verano de 1921 y la primavera de 1922, cuando un equipo de la Universidad de Toronto, liderado por Frederick Grant Banting, aisló la insulina, un logro que les valdría el premio Nobel de Medicina y Fisiología en 1923.

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Mollie Burkhart, protagonista de la historia que capturaría la atención de Scorsese, fue una de las osages diagnosticadas con diabetes tipo 1. Entre los Osage, quienes gracias a los yacimientos petrolíferos en sus tierras disfrutaban de una riqueza considerable, la insulina estaba al alcance. Ilustración MidJourney

Leonard Thompson, un joven canadiense de 14 años, marcó un hito al convertirse en la primera persona en recibir una inyección de insulina. A pesar de una reacción alérgica inicial debido a impurezas en el extracto, el equipo no desistió, y pronto logró purificar la insulina lo suficiente como para garantizar un tratamiento exitoso. La vida de Thompson se prolongó significativamente gracias a esta intervención, simbolizando la esperanza para millones de diabéticos alrededor del mundo.

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La historia de Elizabeth Hughes

La diabetes, de ser una enfermedad mortal, pasó a ser una condición manejable. Elizabeth Hughes, otra de las primeras beneficiadas por este tratamiento, es un ejemplo notable. Hija del político estadounidense Charles Evans Hughes, su tratamiento con insulina fue ampliamente publicitado, incentivando a familias adineradas a buscar este «milagro» médico para sus seres queridos. La insulina comenzó a distribuirse a lo largo de América del Norte, llegando incluso a lugares remotos como Oklahoma, hogar de la Nación Osage.

Entre los Osage, quienes gracias a los yacimientos petrolíferos en sus tierras disfrutaban de una riqueza considerable, la insulina estaba al alcance. Mollie Burkhart, protagonista de la historia que capturaría la atención de Scorsese, fue una de las osages diagnosticadas con diabetes tipo 1. Sin embargo, su trágica historia tomó un giro oscuro cuando se reveló que había sido víctima de un complot para asesinarla, disfrazado bajo el pretexto de tratamientos de insulina. Los hermanos Shoun, médicos en Fairfax, jugaron un papel nefasto en su declive, administrándole supuestamente insulina, mientras su salud empeoraba progresivamente. A pesar de ser trasladada a un hospital y recibir un tratamiento legítimo, Mollie falleció en 1937, tras casi 2,000 inyecciones de verdadera insulina, dejando un misterio sin resolver sobre las circunstancias exactas de su muerte.

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La historia de Mollie Kyle, aunque marcada por el dolor y la tragedia, resuena como un recordatorio de los avances médicos que han transformado vidas y, paradojicamente, de cómo estos mismos avances pueden ser explotados. Ilustración MidJourney.

«Los asesinos de la luna»

La historia de Mollie, entrelazada con el descubrimiento de la insulina y la lucha contra la diabetes, encontró su camino hacia la gran pantalla gracias a la visión de Martin Scorsese. «Los asesinos de la luna» no solo arroja luz sobre un capítulo oscuro de la historia estadounidense, sino que también destaca la importancia de la insulina en salvar vidas, a la vez que narra el impacto devastador de la avaricia y el racismo. La película, aclamada en los premios Óscar de 2024, es un testimonio del poder del cine para educar, conmover y provocar el cambio.

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En conclusión, la insulina, más que una simple hormona, se ha convertido en un símbolo de esperanza, supervivencia y, desafortunadamente, también de manipulación y muerte. La historia de Mollie Kyle, aunque marcada por el dolor y la tragedia, resuena como un recordatorio de los avances médicos que han transformado vidas y, paradojicamente, de cómo estos mismos avances pueden ser explotados. La película de Scorsese, al tiempo que celebra estos logros, invita a una reflexión sobre los aspectos más oscuros de la naturaleza humana, tejiendo juntos los hilos de la medicina, la historia y el arte en un relato poderoso que perdurará en la memoria colectiva.

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Redacción Estoy Al Día
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