The Post: Conversos de la clase trabajadora hicieron presidente al neoyorquino

El sorpresivo regreso de Donald Trump a la Casa Blanca ha estremecido a buena parte de Estados Unidos y el mundo. La victoria del expresidente en su regreso a la carrera presidencial ha sido una de las más debatidas de la historia reciente, y resulta casi incomprensible para quienes pensaban que sus días en la política estaban contados. Sin embargo, fueron precisamente aquellos que alguna vez se habían opuesto a su estilo y postura quienes, en última instancia, hicieron presidente al neoyorquino. La transformación de los partidarios de la clase trabajadora en fervientes seguidores de Trump representa un cambio de paradigma en la política estadounidense que pocos vieron venir.

Eugene Robinson, veterano columnista de The Washington Post, ha seguido cerca de este fenómeno. En una carrera de más de treinta años en el periódico, Robinson ha pasado de cubrir temas locales a ser uno de los analistas políticos y culturales más respetados del país. Su reciente columna, titulada: “Cómo afronto la victoria de Trump”, no solo aborda la sorpresa general ante este resultado, sino que también ofrece un análisis de las razones detrás del cambio de apoyo que experimentó la clase trabajadora en las urnas. Para Robinson, este cambio es crucial para entender cómo se ha transformado el panorama político estadounidense en la última década, y en su columna invita a sus lectores a aceptar lo inevitable: “Ay, qué dolor. El pueblo ha hablado”, comenta, expresando lo que muchos estadounidenses sienten hoy.

Conversos hicieron presidente al neoyorquino

A lo largo de su análisis, Robinson menciona cómo Trump logró su victoria apelando a votar que anteriormente habían apoyado a Joe Biden. Al “neoyorquino” lo hicieron presidente, no solo los seguidores habituales del Partido Republicano, sino también los “conversos” de la clase trabajadora, quienes estaban convencidos de que Trump representa una defensa de sus intereses, algo que el Partido Demócrata no pudo transmitir en esta ocasión. Harris, quien tenía esperanzas de ganar los estados clave, no logró la conexión necesaria con estos votantes, muchos de los cuales vieron en Trump una figura de fortaleza y estabilidad ante los problemas económicos que afectan a la nación. La victoria de Trump en estados como Pensilvania, Wisconsin, Michigan y Carolina del Norte demuestra un apoyo sólido entre trabajadores de diversas industrias que se sienten relegados por la globalización y las políticas económicas de los últimos años.

La transformación de los partidarios de la clase trabajadora en fervientes seguidores de Trump representa un cambio de paradigma en la política estadounidense que pocos vieron venir. Ilustración MidJourney

El voto latino también ha cambiado significativamente en esta elección. Según Robinson, Harris solo logró una ventaja de ocho puntos porcentuales sobre Trump entre los votantes latinos, una diferencia considerablemente menor a la ventaja de 33 puntos que obtuvo Biden en 2020. El cambio fue especialmente notable entre los hombres latinos, entre quienes Trump superó a Harris por diez puntos. Esto refleja una tendencia de alineación de la clase trabajadora latina con el discurso de Trump sobre el fortalecimiento de la economía y la protección de los empleos nacionales. Para Robinson, este cambio podría estar menos relacionado con la identidad cultural y más con una búsqueda de soluciones concretas a los problemas que enfrentan día a día. En resumen, los latinos de clase trabajadora también hicieron presidente al neoyorquino, un resultado inesperado en la evolución del voto latino en el país.

Amenaza a los empleos

Otro factor importante en el análisis de Robinson es el impacto de las políticas migratorias y el nacionalismo en la elección. A pesar de que el Partido Demócrata intentó resaltar los beneficios de una sociedad inclusiva, muchos percibieron la inmigración como una amenaza a sus empleos y a su seguridad. Robinson señala que Trump ha sabido manipular estos miedos, presentándose como un defensor de los trabajadores estadounidenses frente a lo que describe como una amenaza externa. Así, muchos excluidos de la clase trabajadora, tanto blancos como latinos, vieron en él una figura protectora que, a su juicio, defiende los intereses de “los de abajo”. Fue esta percepción de defensa de la clase trabajadora la que, según Robinson, los hizo inclinarse hacia el candidato republicano. Esta postura resulta especialmente en estados con alta densidad de votantes de esta clase, quienes se sienten vulnerables ante la competencia extranjera.

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En su columna, Robinson también se refiere a la percepción de debilidad de Kamala Harris. A pesar de su experiencia y de haber recorrido el país en los meses previos a las elecciones, no logró conectarse con los partidarios de Trump, por el contrario, supo atraer con discursos agresivos y directos. Para estos ganadores, la candidatura de Harris parecía estar desconectada de sus necesidades y preocupaciones cotidianas, y esta desconexión fue una de las razones por las que hicieron presidente al neoyorquino. La gestión de Biden, marcada por una aprobación baja, también afectó la campaña de Harris, atando su destino al de una administración que no pudo cumplir las expectativas de muchos ciudadanos en temas de economía y seguridad.

Polarización, racismo y misoginia

Robinson menciona que esta victoria de Trump es una señal de la creciente polarización en Estados Unidos, donde temas como el racismo y la misoginia aún juegan un papel importante en las decisiones electorales. Harris, siendo la primera mujer negra en aspirar a la presidencia, fue objeto de constantes ataques por parte de Trump, quien la menospreció públicamente, cuestionando sus capacidades y ridiculizando su comportamiento. Sin embargo, a pesar de las ofensas, muchos votantes de la clase trabajadora se alinearon con Trump, convencidos de que su enfoque directo es lo que el país necesita en tiempos difíciles. Robinson señala que esta actitud refleja una tolerancia hacia las posturas controvertidas de Trump, lo que para muchos estadounidenses representa un retroceso, pero que parece no afectar la percepción de sus seguidores.

Harris, siendo la primera mujer negra en aspirar a la presidencia, fue objeto de constantes ataques por parte de Trump, quien la menospreció públicamente, cuestionando sus capacidades y ridiculizando su comportamiento. Ilustración MidJourney.

Por último, Robinson advierte que esta elección podría sentar un precedente peligroso para la democracia estadounidense. Para él, los resultados muestran una alarmante tendencia hacia el populismo y el autoritarismo en una nación que alguna vez fue vista como un baluarte de la libertad. Los manifestantes de clase trabajadora han demostrado que están dispuestos a respaldar a un líder que, aunque polarizante, promete soluciones a sus problemas más inmediatos. Robinson invita a sus lectores a no dejar que Trump controle sus emociones, enfatizando que, aunque esta realidad sea difícil de aceptar, la única opción es encontrar un equilibrio y mantener una perspectiva crítica.

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La conclusión de Robinson es contundente. El regreso de Trump a la Casa Blanca es, en gran medida, un triunfo de la clase trabajadora que se ha sentido abandonada por el sistema. Es esta misma clase la que ha decidido, a pesar de las controversias, los que hicieron presidente al neoyorquino, enviando un mensaje claro a los políticos ya la nación. La lucha por el poder en Estados Unidos está marcada ahora por un sentimiento de desafío y resistencia, y será tarea de quienes se oponen a Trump aprender de esta elección y buscar formas de reconectar con estos votantes en futuras contiendas.

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Redacción Estoy Al Día
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