Durante décadas, Estados Unidos ejerció como el árbitro indispensable del transporte marítimo global. Su Marina de Guerra patrullaba los corredores de energía del planeta y ningún carguero cruzaba el Estrecho de Ormuz sin la sombra protectora del poder naval estadounidense. Hoy ese orden se resquebraja. Trump pone en riesgo la confianza en ese sistema al convertir sus amenazas explosivas en política exterior. Trump pone en riesgo la confianza que durante décadas cultivaron aliados europeos y asiáticos en la capacidad de Washington para mantener abiertas las arterias del comercio mundial. Y al hacerlo, Trump pone en riesgo la confianza en el único poder que se había comprometido, desde la guerra de los petroleros en los años ochenta, a garantizar el libre tránsito por las aguas más estratégicas del planeta.
El análisis fue publicado el 5 de abril de 2026 por los periodistas Gerry Doyle, Peter Martin y Weilun Soon en Bloomberg News, uno de los medios de información financiera y geopolítica más influyentes del mundo. Su reportaje, titulado «Trump’s Hormuz Threats Risk Faith in US Role as Guardian of Global Shipping», documenta cómo las amenazas del presidente erosionan la credibilidad de Washington como garante de las rutas marítimas internacionales. Los autores citan fuentes gubernamentales europeas y asiáticas que hablaron bajo condición de anonimato para ilustrar el alcance del daño estratégico.
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El Estrecho de Ormuz: de corredor energético global a campo de batalla que paraliza al mundo
El Estrecho de Ormuz mide apenas cuarenta kilómetros en su punto más angosto. Por allí transitaban cerca de ciento treinta y cinco buques al día antes del inicio del conflicto. Hoy esa cifra es casi nula. El 28 de febrero de 2026, Estados Unidos e Israel lanzaron la Operación Epic Fury contra Irán, que incluyó el asesinato del Líder Supremo Alí Jamenei. Irán respondió con ataques de misiles y drones contra bases militares estadounidenses y con el bloqueo efectivo del estrecho. La crisis fue calificada por analistas internacionales como el mayor shock energético desde los años setenta. El crudo Brent superó los cien dólares por barril el 8 de marzo y alcanzó un pico de 126 dólares. Irán ha ejecutado al menos veintiún ataques confirmados contra buques mercantes, según datos del Departamento de Defensa.
El almirante retirado John W. Miller, ex comandante de la Quinta Flota de la Marina de Estados Unidos en Baréin, advirtió sin rodeos: no garantizar la libertad de navegación en Ormuz pone en riesgo la libertad de navegación en todo el mundo. Su declaración resume décadas de doctrina naval que Trump ha convertido en instrumento de presión política. La administración destruyó cuarenta y cuatro embarcaciones iraníes utilizadas para tender minas, según datos de la Casa Blanca. Pero las acciones tácticas no compensan el daño estratégico que genera la retórica presidencial. La doctrina y la amenaza no conviven con facilidad en el mismo discurso.

Trump pone en riesgo la confianza de sus aliados: la guerra que nadie avisó y que el mundo entero paga
Trump pone en riesgo la confianza de aliados que no fueron consultados antes del ataque a Irán. Edward Fishman, director del Consejo de Relaciones Exteriores, confirmó a la cadena CNBC que la administración no notificó a sus socios europeos ni asiáticos antes de lanzar los bombardeos. Esos mismos aliados dependen del petróleo del Golfo Pérsico en proporciones muy superiores a las de Estados Unidos. Europa y Asia necesitan rutas marítimas seguras no como un privilegio, sino como el fundamento de su economía. Esa omisión no fue un error de protocolo. Fue una señal de que Washington actúa solo, incluso cuando las consecuencias las pagan otros.
Las secuelas económicas van mucho más allá del petróleo. El treinta por ciento de los fertilizantes comercializados globalmente transita por Ormuz. En marzo de 2026, los precios del urea granular en Oriente Medio subieron casi un veinte por ciento respecto al mes anterior. El aluminio, el helio y materias primas industriales clave registraron alzas significativas. Organismos de comercio internacional advierten que la prolongación del conflicto podría elevar los precios globales de los alimentos entre diez y quince por ciento durante el segundo semestre. Las rutas marítimas afectadas movilizan cerca de 35 billones de dólares anuales en bienes. El impacto no es sectorial. Es sistémico.
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Cuarenta naciones diseñan un mundo sin el guardián: el nuevo orden marítimo ya tiene fecha
Más de cuarenta naciones aliadas se reunieron bajo convocatoria del Reino Unido para discutir cómo reabrir el estrecho sin depender de Washington. Francia, Australia y Canadá participaron en los encuentros. El presidente francés Emmanuel Macron lo dijo con claridad: cualquier solución debe construirse en consulta con Irán. Nadie apoyará una reapertura por la fuerza. Trump pone en riesgo la confianza al exigir que China, Japón y otros países envíen sus propias armadas para proteger un estrecho que Washington militarizó sin previo aviso ni consulta. Su liderazgo transaccional —declaró que el estrecho «les pertenece más a ellos» que a Estados Unidos— resulta incompatible con el rol de garante global que su país reclama.
Irán no desperdicia el vacío. Genera cerca de 139 millones de dólares diarios en ingresos petroleros, más que antes del inicio del conflicto, gracias al alza de precios que su propio bloqueo provoca. Teherán planea formalizar su control sobre el estrecho mediante un sistema de licencias conjuntas con Omán que obligue a cada buque a solicitar permiso de tránsito. Su parlamento debate legislación para cobrar peajes a los países autorizados y vetar el paso a los considerados hostiles. La República Islámica no solo cierra el estrecho. Lo convierte en instrumento de poder permanente sobre la economía global.

Ultimátums en redes sociales, 139 millones de dólares al día: Irán gana la guerra que Trump no cierra
Las amenazas de Trump en Truth Social alcanzaron un nivel inédito en la comunicación presidencial moderna. El domingo 5 de abril publicó que el martes sería el «Día de las Plantas Eléctricas y los Puentes» en Irán, en un mensaje con insultos directos que terminaba con las palabras «Praise be to Allah». La misión iraní ante Naciones Unidas respondió que la comunidad internacional tiene obligaciones legales de prevenir lo que calificó de crímenes de guerra. El secretario de Estado Marco Rubio había comparado días antes las acciones iraníes contra el tráfico marítimo con las tácticas de la Alemania nazi en el Atlántico durante la Segunda Guerra Mundial.
La credibilidad de Estados Unidos como garante del orden marítimo no se reconstruye con ultimátums. Se reconstruye con consistencia, previsibilidad y liderazgo colectivo. Décadas de presencia naval, de escolta de buques durante la guerra de los petroleros, de operaciones contra la piratería somalí y contra los ataques hutíes en el Mar Rojo, conformaron una arquitectura de confianza que ningún discurso puede sustituir. La administración Trump desmantela esa arquitectura en tiempo real.
Trump pone en riesgo la confianza global: la herida en el orden marítimo que ningún acuerdo podrá cerrar
El daño ya está hecho. Aunque el estrecho reabriera mañana, los operadores navieros, las aseguradoras marítimas y los gobiernos del mundo han aprendido una lección que no olvidarán: el guardián puede convertirse en el problema. Trump pone en riesgo la confianza no solo en el Golfo Pérsico, sino en el principio mismo de que existe un orden internacional que alguien se comprometió a sostener. Esa es la herida más profunda. No la que deja la guerra, sino la que genera la duda sobre si el poder que construyó ese orden fue siempre su garante o simplemente su mayor beneficiario.
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