En medio de renovadas conversaciones indirectas con Estados Unidos, el Gobierno iraní reiteró que no cederá el control de sus recursos petroleros y minerales a Washington como condición para cualquier alivio de sanciones. La advertencia, formulada en un contexto de creciente tensión regional, deja claro que Teherán considera sus sectores extractivos como activos estratégicos irrenunciables, incluso si se abren canales diplomáticos para un acuerdo provisional. En declaraciones oficiales y discursos públicos, las autoridades insistieron en que Irán no cederá el control de su soberanía económica, aun cuando la negociación nuclear entre en una fase decisiva.
El planteamiento fue analizado por la periodista Farnaz Fassihi, corresponsal especializada en Irán para The New York Times, en un reportaje centrado en la estrategia económica de Teherán frente a Washington. Con amplia experiencia en cobertura de Oriente Medio y régimen de sanciones internacionales, Fassihi contextualizó las declaraciones dentro del marco de las conversaciones indirectas previstas para marzo, orientadas a explorar un entendimiento provisional sobre el enriquecimiento de uranio y el eventual alivio de restricciones financieras.
Soberanía energética como línea roja en la negociación nuclear
Irán sostiene que cualquier avance diplomático deberá reconocer su derecho soberano a explotar hidrocarburos y minerales sin injerencia extranjera, y que no aceptará condiciones que impliquen cesión estructural de activos estratégicos. El país posee las cuartas mayores reservas probadas de petróleo del mundo y las segundas de gas natural, según datos de la Organización de Países Exportadores de Petróleo. Expertos energéticos del Instituto de Estudios Internacionales de Teherán advierten que los ingresos petroleros siguen siendo el principal soporte fiscal del Estado, financiando infraestructura, subsidios internos y gasto público en un entorno marcado por sanciones.
Desde la perspectiva oficial iraní, la soberanía energética no es solo un asunto económico, sino una cuestión de seguridad nacional y autonomía política. La posibilidad de permitir la participación de empresas extranjeras como contratistas ha sido planteada como alternativa técnica, siempre bajo el principio de que la propiedad y el control final permanezcan en manos del Estado.

Diplomacia bajo presión: verificación, desconfianza y cálculo estratégico
Desde Washington, funcionarios estadounidenses han insistido en que cualquier alivio deberá ir acompañado de mecanismos verificables y compromisos técnicos claros sobre el programa nuclear iraní. La Agencia Internacional de Energía Atómica ha advertido en informes recientes que el nivel de enriquecimiento de uranio iraní ha alcanzado umbrales técnicamente sensibles, aunque no ha confirmado desvíos hacia fines militares. Analistas especializados en control de armamentos subrayan que el margen para un acuerdo provisional dependerá de la precisión en los plazos y de la restauración de una confianza deteriorada tras la salida estadounidense del acuerdo nuclear de 2015.
El presidente iraní, Masoud Pezeshkian, reafirmó en un acto público en Teherán que el país no aceptará presiones que comprometan sus recursos estratégicos. Según la agencia oficial IRNA, el mandatario sostuvo que las potencias extranjeras intentan obligar a Irán a rendirse mediante sanciones y amenazas, pero defendió la resiliencia económica como parte central de la doctrina estatal. En paralelo, el presidente de la Comisión de Seguridad Nacional del Parlamento, Ebrahim Azizi, advirtió que, aunque Irán no busca la guerra, está preparado para responder ante cualquier escenario adverso.
Entre sanciones y resiliencia: el costo económico de la confrontación
La economía iraní ha experimentado una contracción acumulada significativa desde la reimposición de sanciones en 2018. Datos del Banco Mundial muestran un crecimiento volátil, con repuntes parciales impulsados por exportaciones energéticas hacia mercados asiáticos. Economistas regionales explican que un alivio parcial podría liberar miles de millones de dólares en activos congelados y facilitar transacciones financieras internacionales, pero advierten que la estructura económica sigue condicionada por restricciones al sistema bancario y al comercio exterior.

En este escenario, Teherán insiste en que la modernización de su sector energético puede lograrse mediante contratos de servicio sin comprometer la propiedad estatal. Especialistas en derecho energético explican que este modelo permitiría atraer tecnología y capital extranjero mientras se preserva la soberanía sobre los yacimientos. Experiencias anteriores con compañías asiáticas y europeas demostraron que esa fórmula puede operar dentro de marcos jurídicos específicos, aunque su continuidad quedó afectada por el endurecimiento de sanciones.
El tablero regional: energía, disuasión militar y mercados globales
La dimensión geopolítica añade una capa adicional de complejidad. Estados Unidos, con el respaldo de Israel, ha reforzado su despliegue militar en Oriente Medio y ha advertido sobre posibles acciones si percibe avances irreversibles en el programa nuclear iraní. Institutos de análisis estratégico en Washington sostienen que el equilibrio entre disuasión militar y diplomacia preventiva es frágil, especialmente tras episodios recientes de escalada regional.
Organismos especializados en energía estiman que, si las sanciones se flexibilizaran parcialmente, la producción petrolera iraní podría aumentar en varios cientos de miles de barriles diarios en el corto plazo, alterando dinámicas de oferta en los mercados internacionales. Este eventual incremento tendría repercusiones directas en precios globales, rutas marítimas estratégicas y balances energéticos europeos y asiáticos. Sin embargo, diplomáticos europeos consultados subrayan que cualquier alivio será escalonado y condicionado a verificaciones técnicas exhaustivas.
Las conversaciones indirectas previstas para marzo representan así un punto de inflexión. Irán busca alivio económico sin comprometer lo que define como su soberanía energética y mineral, mientras Washington exige garantías técnicas verificables. La comunidad internacional observa con cautela, consciente de que el desenlace influirá en la estabilidad regional y en el mercado energético global. En ese tablero de intereses cruzados, la afirmación oficial sintetiza la postura iraní: apertura táctica a la negociación, pero firmeza estratégica sobre el control de sus recursos clave.

