Teherán elevó este domingo la tensión en el Golfo Pérsico a su punto más crítico desde el inicio del conflicto. El portavoz del Cuartel General Central de Khatam al-Anbiya, teniente coronel Ebrahim Zolfaqari, anunció que Irán cerrará completamente el Estrecho de Ormuz si su infraestructura energética recibe un nuevo ataque. La advertencia precisa que el estrecho hoy permanece cerrado «únicamente al paso enemigo y perjudicial», dejando abierto el tránsito a embarcaciones neutrales. Sin embargo, si Washington ejecuta su amenaza contra las centrales eléctricas iraníes, ese criterio desaparecerá: «únicamente al paso enemigo y perjudicial» dejará de ser la regla para convertirse en cierre absoluto. La diferencia entre ambos escenarios equivale a la diferencia entre una crisis energética global y un colapso sin precedentes: «únicamente al paso enemigo y perjudicial» es hoy la única línea que separa al mundo de un bloqueo total del paso marítimo más estratégico del planeta.
Esta información fue desarrollada a partir de declaraciones oficiales del Cuartel General Central de Khatam al-Anbiya y del Servicio de Inteligencia del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica, reportes del investigador Pieter Wezeman, especialista senior del Instituto Internacional de Investigación para la Paz de Estocolmo (SIPRI), con amplia trayectoria en análisis de conflictos armados y comercio de armas en Medio Oriente, publicados el 22 de marzo de 2026 en el marco de la cobertura del conflicto activo entre Irán, Israel y Estados Unidos.

El ultimátum de Trump y la respuesta iraní: 48 horas que cambiaron las reglas del conflicto
La cadena de amenazas que llevó a este punto comenzó el sábado. El presidente Donald Trump dio a Teherán un plazo de 48 horas para abrir el estrecho. La amenaza era directa: si Irán no cedía, Washington atacaría sus centrales eléctricas, «¡empezando con la más grande!», escribió Trump en su red social. Teherán respondió con igual contundencia. En pocas horas, prometió atacar instalaciones energéticas y desalinizadoras que sirven a Estados Unidos en la región. Este domingo, Irán sumó un escalón más. El cierre total de Ormuz ya no es una posibilidad remota. Es una política declarada con condiciones explícitas y un portavoz militar que la respaldó con nombre y cargo.
El alcance de la advertencia iraní va más allá del estrecho. El teniente coronel Zolfaqari detalló los objetivos que Teherán activaría en caso de ataque a su infraestructura. Todos los centros de generación eléctrica de Israel serían blanco inmediato. También los sistemas de tecnología de la información y comunicación israelíes. Las empresas energéticas con accionistas estadounidenses en la región entrarían en la lista. Y las centrales eléctricas en países que albergan bases militares de Estados Unidos también quedarían expuestas. La arquitectura de represalia que describe Zolfaqari no es improvisada. Es una doctrina de respuesta en capas, diseñada para maximizar el costo estratégico de cualquier agresión contra el sistema energético iraní.
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El CGRI amplía el perímetro: infraestructuras críticas globales en la mira de Teherán
El Servicio de Inteligencia del CGRI fue aún más lejos este domingo. Respondió directamente a la amenaza de Trump y amplió el perímetro de la represalia. Declaró que los centros tecnológicos críticos fuera de la región serán atacados en un plazo de 48 horas si la planta energética iraní recibe un golpe. «Las fuerzas armadas de Irán también tienen en la mira objetivos tecnológicos y políticos extrarregionales asociados con los enemigos de la República Islámica», precisó el comunicado. Esta declaración extiende el conflicto potencial más allá de Medio Oriente y sitúa en riesgo infraestructuras críticas en Europa, Asia y América del Norte vinculadas a intereses estadounidenses e israelíes.
El impacto económico del conflicto ya es mensurable con precisión. Antes del inicio de los ataques el 28 de febrero de 2026, por el Estrecho de Ormuz transitaban diariamente 138 buques. Desde entonces, el tráfico cayó más del 95 por ciento. En las tres semanas transcurridas, menos de un centenar de embarcaciones cruzaron el estrecho. El promedio bajó a cinco o seis buques por día. La mayoría navega bajo bandera iraní o con autorización directa de Teherán. Por esa ruta circula normalmente un quinto del petróleo comercializado en el mundo, una quinta parte de los envíos globales de gas natural licuado y un tercio del fertilizante de mayor uso a escala global. El bloqueo parcial ya sacudió los mercados. Un cierre total los derrumbaría.

Derecho internacional bajo presión: cuándo atacar una central eléctrica es un crimen de guerra
El marco legal del conflicto añade otra dimensión al análisis. Expertos en derecho internacional consultados por este medio señalaron que atacar centrales eléctricas que sirven a poblaciones civiles solo es permisible bajo el derecho internacional humanitario cuando la ventaja militar supera claramente el daño causado a la población. Esta condición, difícil de sostener ante un tribunal internacional, pesa sobre cualquier decisión que Washington tome respecto a la infraestructura eléctrica iraní. La amenaza de Trump no solo es escalada militar. Es también una apuesta legal de alto riesgo que sus aliados europeos observan con creciente incomodidad.
El presidente iraní Masoud Pezeshkian publicó este domingo en X un mensaje que sintetizó la postura oficial de Teherán con precisión política. «Las amenazas y el terror no hacen más que reforzar nuestra unidad», escribió. Añadió que «la ilusión de borrar a Irán del mapa muestra desesperación frente a la voluntad de una nación que hace historia». Sobre el estrecho, fue categórico: Ormuz «está abierto a todos, excepto a quienes violan nuestro territorio». La declaración presidencial complementa la postura militar y cierra cualquier espacio de ambigüedad sobre la posición de Teherán.
La pregunta que paraliza al mundo: ¿está Washington dispuesto a pagar el precio de Ormuz cerrado?
Investigadores del SIPRI y del Instituto para el Estudio de la Guerra coincidieron en sus análisis más recientes. Irán construyó durante años una arquitectura de disuasión escalonada. Cada amenaza tiene un correlato operativo real. El cierre de Ormuz no es retórica. Es una capacidad probada que Teherán puede activar con rapidez y sostener bajo presión. La comunidad internacional enfrenta ahora la pregunta más urgente del conflicto: si Washington ataca las centrales eléctricas iraníes, ¿está dispuesto a asumir las consecuencias de un Ormuz completamente cerrado para el mundo?
La respuesta a esa pregunta determinará el curso de las próximas semanas. El mundo, con los mercados energéticos en vilo y la diplomacia paralizada, espera sin certezas. Cada hora que pasa sin una solución negociada acerca al planeta a un escenario que ningún modelo económico ha logrado calcular con precisión. Y mientras los cancilleres buscan salidas y los mercados tiemblan, Teherán mantiene su posición con una claridad que Washington aún no ha logrado igualar en este conflicto.
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