Las inversiones venezolanas han dejado de ser una nota marginal asociada exclusivamente al fenómeno migratorio para convertirse en un indicador estructural del dinamismo económico panameño. En los últimos diez años, el capital de origen venezolano acumulado supera los 1.800 millones de dólares, según datos gremiales y estimaciones oficiales, consolidando un entramado empresarial que atraviesa sectores estratégicos del istmo. Detrás de esa cifra no solo hay capital privado: hay empleo, recaudación fiscal y expansión del consumo interno en uno de los principales hubs logísticos de América Latina.
La dimensión de este fenómeno fue sistematizada por la periodista Antonella Cifuentes, especializada en economía y migración regional, en su reportaje “Capital migrante: el impacto económico venezolano en Panamá”. Con trayectoria en análisis macroeconómico en Centroamérica, Cifuentes contrastó cifras de la Cámara de Empresarios Panameño-Venezolana con datos del Ministerio de Economía y Finanzas panameño y organismos multilaterales, aportando contexto verificable sobre el alcance real del flujo de capital.
De migración forzada a músculo financiero regional
Entre 2024 y 2025, registros gremiales indican que las inversiones venezolanas han generado aproximadamente 40.000 empleos directos en Panamá durante la última década. El tejido empresarial resultante abarca desde pequeñas y medianas empresas hasta instituciones financieras consolidadas con proyección regional. Representantes empresariales sostienen que el capital proveniente de Venezuela encontró en Panamá un entorno de estabilidad jurídica, conectividad logística y acceso al sistema bancario internacional, condiciones decisivas para la relocalización de empresas tras la crisis venezolana.

En el ámbito tecnológico y fintech, plataformas digitales desarrolladas por emprendedores venezolanos operan desde Panamá hacia mercados regionales, aprovechando la fortaleza del centro bancario local. Analistas financieros destacan que este movimiento ha contribuido a fortalecer la competitividad del hub financiero panameño, al tiempo que amplía la oferta de servicios digitales para pequeñas y medianas empresas.
En el sistema bancario, la participación de capital y gestión venezolana es visible en entidades que forman parte de los principales agremiados empresariales. Expertos en regulación coinciden en que estas instituciones han dinamizado el crédito comercial e integrado nuevos actores al circuito formal. Paralelamente, en logística y comercio exterior, compañías de origen venezolano han establecido centros de redistribución en la Zona Libre de Colón y parques industriales estratégicos, capitalizando la posición geográfica del Canal de Panamá y las zonas francas.
El aporte silencioso que fortalece las arcas del Estado panameño
El impacto fiscal de esta comunidad empresarial también es relevante. Estudios elaborados con apoyo de la Organización Internacional para las Migraciones y la Unión Europea estiman que solo en 2022 los venezolanos aportaron alrededor de 203 millones de dólares en impuestos al Estado panameño. Este aporte incluye impuesto sobre la renta, seguridad social y tributos asociados al consumo.
Funcionarios del Ministerio de Economía han señalado que, bajo un escenario de regularización migratoria integral, la recaudación anual podría ascender hasta 280 millones de dólares, ampliando el margen fiscal en un contexto regional marcado por presiones presupuestarias y desaceleración económica. El fenómeno deja de ser exclusivamente empresarial y pasa a convertirse en un factor de estabilidad macroeconómica.
Del pequeño emprendimiento al mercado inmobiliario de alto valor
Las inversiones venezolanas también han incidido en el sector inmobiliario y de la construcción. En áreas como Punta Pacífica y Paitilla, parte del capital migrante se ha canalizado hacia proyectos residenciales y comerciales de alta valorización. Corredores inmobiliarios señalan que la demanda de apartamentos de lujo y oficinas corporativas ha tenido un efecto multiplicador sobre arquitectura, ingeniería y servicios asociados.
En paralelo, la presencia empresarial se extiende a gastronomía, agroindustria y comercio minorista, ampliando la cadena de valor más allá del negocio visible. Esta diversificación demuestra que el capital migrante no se concentró en un solo nicho, sino que evolucionó hacia una integración sectorial amplia y sofisticada.
Consumo interno y proyección regional
La dimensión del consumo interno confirma el peso económico de la comunidad venezolana en Panamá. Con una población estimada en más de 144.000 personas, representa cerca del 4 % del consumo nacional. Estudios sectoriales estiman que el gasto anual supera los 1.000 millones de dólares, concentrado principalmente en vivienda, alimentación y educación. Economistas locales sostienen que esta demanda sostenida contribuyó a amortiguar los efectos de la pandemia en sectores intensivos en empleo.

A escala regional, el fenómeno es aún mayor. Los más de 7,7 millones de venezolanos en el exterior inyectan alrededor de 10.600 millones de dólares anuales en las economías de acogida en América Latina. Panamá destaca por la proporción y diversificación de ese capital, que ha evolucionado desde pequeños emprendimientos hasta empresas con operaciones transfronterizas. Académicos especializados en migración económica advierten que este flujo debe analizarse como proceso de integración productiva, no únicamente como consecuencia de una crisis humanitaria.
El reto estructural: convertir capital migrante en desarrollo sostenible
El desafío ahora radica en la sostenibilidad y formalización de este ecosistema empresarial. Autoridades panameñas y representantes gremiales coinciden en que políticas de regularización, acceso al crédito y seguridad jurídica serán determinantes para consolidar el impacto en el largo plazo.
La experiencia de la última década demuestra que el fenómeno trasciende la narrativa migratoria y se inserta en la estructura económica del país. Las cifras superan los 1.800 millones de dólares, pero el debate central no es solo cuantitativo. La cuestión estratégica es cómo transformar este capital en desarrollo sostenible, cohesión social y crecimiento estructural para Panamá, garantizando que el aporte empresarial continúe siendo un factor de estabilidad y expansión económica en el istmo.

