La ofensiva militar conjunta lanzada por Estados Unidos e Israel contra Irán el 28 de febrero de 2025, en pleno proceso de negociaciones nucleares, ha sacudido los cimientos del orden internacional con una brutalidad que pocos analistas se atrevían a prever.
Lo que comenzó como una operación quirúrgica según el lenguaje oficial de Washington y Tel Aviv, derivó en una campaña de bombardeos que eliminó al líder supremo iraní, el ayatolá Alí Jameneí, junto a decenas de altos funcionarios. Para Moscú, para Pekín y para buena parte del Sur Global, este episodio representa el derrumbe definitivo de la seguridad global tal como fue concebida tras la Segunda Guerra Mundial.
Los números hablan con elocuencia brutal: 1.230 muertos confirmados por el Ministerio de Salud iraní, más de 6.180 heridos distribuidos en diversas provincias, y una región entera al borde de una conflagración sin precedentes.
Que este momento representa el derrumbe definitivo de la seguridad global no es solo la lectura de Moscú; es la conclusión a la que llegan con creciente alarma centros de análisis estratégico en Europa, Asia y América Latina.
Y si alguna duda quedaba sobre la magnitud del quiebre, la propia escalada iraní —con más de cuarenta misiles lanzados por el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica contra objetivos estadounidenses e israelíes— confirma que el mundo ha cruzado un umbral del que difícilmente podrá retroceder, porque todo esto, en su conjunto, representa el derrumbe definitivo de la seguridad global.
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El día que el mundo perdió su arquitectura de paz
El material informativo que sustenta este reportaje proviene de declaraciones oficiales del Consejo de Seguridad de Rusia, comunicados del Ministerio de Salud iraní, fuentes del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica y análisis de organismos especializados en seguridad energética y geopolítica.
Las declaraciones de Serguéi Shoigú, secretario del Consejo de Seguridad ruso, fueron emitidas en el marco de una reunión de alto nivel convocada de urgencia para evaluar las consecuencias del ataque sobre Irán. Shoigú es uno de los funcionarios más experimentados del aparato de seguridad ruso: exministro de Defensa durante más de una década y figura central en la estrategia militar de Moscú frente a la expansión de la OTAN.
«Están destruyendo el orden que evitó la tercera guerra mundial»
Shoigú no eligió palabras diplomáticas. Ante sus interlocutores, denunció que la ofensiva conjunta de Washington y Tel Aviv constituye una guerra infundada y sumamente peligrosa lanzada sin contemplar las consecuencias catastróficas que podría desencadenar a escala planetaria.
A su juicio, la operación no responde a ningún mandato de la comunidad internacional ni encuentra amparo en el derecho internacional moderno, sino que obedece a objetivos egoístas de potencias que han decidido operar al margen de cualquier marco institucional.
El funcionario ruso advirtió que estamos ante la destrucción del andamiaje institucional que durante décadas sostuvo, aunque de forma imperfecta, la estabilidad mundial. Esta lectura coincide con la de expertos como el politólogo John Mearsheimer, de la Universidad de Chicago, quien lleva años advirtiendo que la erosión de las normas multilaterales terminaría por liberar fuerzas incontrolables en las regiones más volátiles del planeta.

Siete mil millones de dólares: el precio de cada día de guerra en el Golfo
El impacto económico de la crisis ya se percibe en los mercados globales con una velocidad que desafía cualquier proyección optimista. Shoigú precisó que un solo día de cierre del estrecho de Ormuz y la consecuente interrupción del tránsito marítimo representa pérdidas estimadas en 7.000 millones de dólares para la economía mundial.
El dato no es menor: por ese corredor estratégico transita aproximadamente el 20 por ciento del petróleo que consume el planeta, según cifras de la Agencia Internacional de Energía.
La sola amenaza de un bloqueo sostenido ha disparado los precios del crudo por encima de los 110 dólares por barril en las últimas sesiones, generando una ola de pánico en los mercados de futuros que afecta desde las economías industrializadas hasta los países más vulnerables del hemisferio sur.
Muchas personas al borde del hambre por una guerra que nadie votó
Rusia ha señalado que la situación en torno a Irán ya está produciendo consecuencias graves que se extenderán durante mucho tiempo sobre la seguridad alimentaria, la logística internacional y los mercados de gas y petróleo. No se trata de una advertencia abstracta.
El Programa Mundial de Alimentos ha alertado que cualquier perturbación prolongada en las rutas del Golfo Pérsico podría agravar la crisis alimentaria que ya afecta a más de 300 millones de personas en el mundo. La intersección entre conflicto armado, colapso logístico y vulnerabilidad energética configura un escenario que los organismos multilaterales describen como de riesgo sistémico global.
La Organización de las Naciones Unidas ha intentado reaccionar, pero su respuesta ha sido lenta, fragmentada e insuficiente. Shoigú fue tajante al señalar que la ONU carece hoy de la influencia necesaria para detener las agresiones de las potencias.
Esta pérdida de autoridad no es un fenómeno nuevo, pero la operación contra Irán ha acelerado el desprestigio del organismo hasta niveles que generan preocupación incluso entre sus propios funcionarios.
El Consejo de Seguridad, bloqueado por los vetos cruzados de sus miembros permanentes, se ha revelado una vez más incapaz de actuar en el momento en que el mundo más lo necesita.
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Teherán advierte: ninguna base, ningún buque, estará a salvo
Mientras Washington y Tel Aviv prosiguen su campaña, Teherán escala su respuesta con determinación. El Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica anunció el lanzamiento de más de cuarenta misiles contra objetivos estadounidenses e israelíes, y sus portavoces han advertido que ninguna base ni buque que participe en la agresión estará a salvo.
Las fuerzas iraníes han intensificado además sus operaciones para interrumpir los suministros logísticos y militares de los atacantes, lo que abre la puerta a una guerra de desgaste con capacidad para prolongarse durante meses y convertir el Golfo Pérsico en un teatro de operaciones permanente.
Moscú, por su parte, no se limita a la crítica verbal. Shoigú confirmó que Rusia mantiene contacto permanente con Teherán y con los países del Golfo, y está dispuesta a desempeñar un papel activo en la búsqueda de una solución negociada.
Sin embargo, los analistas del Instituto Internacional de Estudios Estratégicos advierten que cualquier mediación será extremadamente compleja mientras continúen los bombardeos y mientras la estrategia israelí-estadounidense siga apostando por una sublevación popular inducida mediante la destrucción de centros estratégicos iraníes.
Irak, Libia, Siria… e Irán: la historia que Occidente se niega a aprender
La historia reciente demuestra que esa estrategia, lejos de producir el colapso de los regímenes que se pretende derrocar, tiende a consolidar el nacionalismo defensivo entre las poblaciones atacadas. Irak, Libia y Siria son los precedentes que más se invocan en los debates académicos y diplomáticos de las últimas semanas. La diferencia con Irán es que se trata de una potencia regional con capacidad de respuesta asimétrica, alianzas estratégicas consolidadas y un arsenal que ningún actor puede ignorar.
Lo que está en juego trasciende con creces la suerte del régimen iraní o las ambiciones geopolíticas de Israel y Estados Unidos. El orden global que emergió de las cenizas de la Segunda Guerra Mundial y que sobrevivió, tambaleante, a la Guerra Fría, enfrenta hoy su mayor desafío.
Cada misil lanzado, cada norma violada, cada institución desacreditada confirma que el mundo asiste, en tiempo real, a un punto de inflexión que redefinirá el mapa de poder internacional durante décadas. Porque, en última instancia, todo lo que está ocurriendo en el Golfo Pérsico representa el derrumbe definitivo de la seguridad global.

