En una entrevista exclusiva concedida a NBC News desde el Palacio de Miraflores, la presidenta encargada de Venezuela, Delcy Rodríguez, afirmó con firmeza que Nicolás Maduro sigue siendo el líder legítimo de Venezuela, defendiendo la continuidad del proyecto político iniciado por Hugo Chávez pese al secuestro del mandatario por fuerzas estadounidenses el pasado 3 de enero. La declaración, realizada ante la periodista Kristen Welker, marca la primera vez que Rodríguez se sienta con un medio estadounidense desde que asumió las riendas del Ejecutivo, en un contexto de reconfiguración geopolítica donde Washington ha pasado de la máxima presión a una pragmática negociación energética. La presidenta encargada, vestida con chaqueta roja y mirada serena, insistió en la legitimidad constitucional del gobierno que encabeza, desestimando cualquier narrativa de vacío de poder y subrayando que la transición se ha desarrollado conforme a derecho. Para ella, Nicolás Maduro sigue siendo el líder legítimo de Venezuela, y su detención en Nueva York no invalida el mandato popular que lo llevó a la reelección en 2024.
El día que Washington secuestró a un presidente y heredó el poder a su vicepresidenta
La entrevista, gestionada por el equipo de comunicaciones del Ejecutivo venezolano tras semanas de contactos discretos con cadenas internacionales, fue publicada originalmente por Babak Dehghanpisheh para NBC News, cadena hermana de Noticias Telemundo, bajo el título «Delcy Rodríguez abre la puerta a Washington sin renunciar al legado de Maduro». Dehghanpisheh, corresponsal de seguridad nacional con más de quince años de experiencia cubriendo conflictos en Medio Oriente y América Latina, ha seguido de cerca la evolución de las relaciones entre Estados Unidos y Venezuela desde la era Obama. En su pieza, el periodista destaca el tono mesurado de Rodríguez, un giro retórico respecto a las duras condenas que lanzó contra la administración Trump en los días posteriores al operativo que derivó en el secuestro de Maduro en un suburbio de Caracas. La entrevista revela a una líder que, sin renunciar a la épica revolucionaria, negocia con quien hasta hace semanas consideraba un enemigo imperial.

La defensa de la legitimidad presidencial no es un mero ejercicio retórico, sino una necesidad jurídica y política para el gobierno interino. Rodríguez, abogada de formación y experta en derecho constitucional, argumentó que Nicolás Maduro sigue siendo el líder legítimo de Venezuela porque su elección de 2024 cumplió con todos los requisitos formales establecidos en la Constitución bolivariana, pese a las denuncias de fraude de la oposición y los informes de observadores internacionales que señalaron irregularidades. La mandataria encargada subrayó que el secuestro de Maduro, a quien definió como un «presidente secuestrado», no afecta la continuidad del Estado, ya que el artículo 234 de la Carta Magna prevé la falta temporal y establece un orden de sucesión que ella ocupa actualmente como vicepresidenta ejecutiva.
El preso de Nueva York que gobierna a 3.500 kilómetros de distancia
La nueva realidad diplomática ha traído consigo movimientos insólitos. El secretario de Energía de Estados Unidos, Chris Wright, visitó Caracas el miércoles pasado en un viaje de alto perfil que incluyó una reunión privada con Rodríguez en la sede de Petróleos de Venezuela. Wright declaró a NBC News que la cooperación bilateral ha tenido un «comienzo formidable» y elogió los cambios introducidos por la administración interina en la ley de hidrocarburos, que ahora permite asociaciones más flexibles con empresas extranjeras. Según cifras proporcionadas por el funcionario, en las últimas semanas se han comercializado más de mil millones de dólares en crudo venezolano con destino a refinerías estadounidenses, y se negocian contratos por otros cinco mil millones en los próximos meses. Este flujo de divisas, controlado en gran medida por las autorizaciones del Tesoro de Estados Unidos, otorga a Washington una palanca de presión inédita sobre Caracas, pero también legitima de facto a la administración de Rodríguez.
La mandataria interina, sin embargo, se muestra consciente de los riesgos de parecer demasiado complaciente con el antiguo adversario. Durante la entrevista, evitó posar junto a símbolos estadounidenses y reiteró en varias ocasiones que cualquier acercamiento debe basarse en el respeto mutuo y la no injerencia. Al ser consultada sobre la posibilidad de visitar Washington, tras dos llamadas telefónicas «corteses» con el presidente Donald Trump, Rodríguez confirmó haber recibido una invitación, aunque condicionó el viaje a que «avance la cooperación y se consolide una agenda de trabajo bilateral». En este nuevo tablero, Nicolás Maduro sigue siendo el líder legítimo de Venezuela para su gobierno, pero su figura física ha quedado relegada a un segundo plano simbólico mientras Rodríguez negocia los términos de una transición energética que podría redefinir el mapa geopolítico regional.
La apertura política también ha tenido consecuencias en el frente interno. En las últimas semanas, decenas de presos considerados políticos por organizaciones de derechos humanos han sido liberados, y el espacio para la disidencia se ha expandido hasta el punto de que el jueves pasado una concentración de familiares de reclusos se manifestó frente al Tribunal Supremo de Justicia exigiendo la liberación de más detenidos, un acto que hace apenas seis meses habría sido dispersado con violencia. Rodríguez atribuyó estas medidas a un «plan de amnistía» diseñado antes del secuestro de Maduro y aseguró que el gobierno está inmerso en una «profunda evaluación del sistema judicial» para depurar irregularidades. No obstante, el Foro Penal, la principal ONG venezolana de defensa de los derechos humanos, contabiliza aún más de seiscientos presos políticos en las cárceles del país, incluyendo a figuras de la oposición como Juan Pablo Guanipa, quien fue liberado y luego recluido nuevamente en arresto domiciliario.
Seiscientos presos políticos después, la amnistía que no llega
La sombra de la violencia política, no obstante, sigue planeando sobre cualquier proceso de distensión. Rodríguez recordó los episodios de confrontación callejera entre 2014 y 2017, que dejaron más de un centenar de muertos, y justificó las medidas de seguridad adoptadas en aquel entonces como necesarias para preservar la paz. Al ser interrogada sobre la posibilidad de celebrar elecciones libres y justas en el futuro, la mandataria respondió sin dudar: «Absolutamente. Conforme a la Constitución, elecciones libres y justas implica también un país libre de sanciones». La referencia a las sanciones es clave: el gobierno interino condiciona cualquier proceso electoral al levantamiento completo del bloqueo económico, una postura que choca con la visión de la oposición, que exige garantías previas sin contrapartidas.
La figura de María Corina Machado, la líder opositora galardonada con el Premio Nobel de la Paz en 2025 por su activismo no violento, planea sobre la conversación como un fantasma incómodo. Rodríguez evitó mencionarla por su nombre al principio, pero al ser presionada por Welker, cargó contra ella: «Debe responder al país sobre su llamado a que Venezuela fuese bloqueada económicamente. Debe responder a los sectores económicos por la agresión económica. Debe responder al país porque ha pedido la invasión de Venezuela». Estas acusaciones reflejan la profunda brecha que persiste entre el oficialismo y la facción liderada por Machado, quien a pesar de haber entregado su medalla del Nobel a Donald Trump en una visita a la Casa Blanca, no ha logrado un respaldo explícito del presidente estadounidense como interlocutora política viable.
El secretario Wright, en sus declaraciones a NBC News, fue claro sobre los términos de la nueva relación: «Si impulsan un cambio positivo que beneficie a los estadounidenses y mejore las oportunidades de vida de los venezolanos, el dinero fluirá. Si se desvían de ese camino, simplemente tendremos una influencia tremenda». La declaración, leída en Caracas, confirma que Washington ha decidido apostar por Rodríguez como contraparte pragmática, dejando en un segundo plano las demandas de restitución democrática inmediata. Para la administración interina, este reconocimiento fáctico es una victoria, aunque incómoda, pues Nicolás Maduro sigue siendo el líder legítimo de Venezuela en el imaginario oficialista, pero su ausencia física y judicialización en Nueva York convierten a Rodríguez en la verdadera cara del poder en el día a día.

La mujer que negocia con los secuestradores de su jefe
A medida que avanza la entrevista, Rodríguez se muestra más relajada, casi didáctica, al explicar los matices de la Constitución bolivariana. Insiste en que no hay diarquía ni división en el chavismo, y que el comandante Maduro, desde su centro de detención, sigue dando directrices a través de sus abogados. Sin embargo, los hechos sobre el terreno indican lo contrario: las decisiones sobre petróleo, diplomacia y derechos humanos se toman en Caracas, no en Nueva York. La propia Rodríguez reconoce que su cargo implica «un trabajo arduo, duro, sobre todo en las condiciones inéditas en las cuales me correspondió encargarme de la presidencia». Esas condiciones incluyen gestionar la paradoja de un líder ausente al que, sin embargo, se debe lealtad absoluta.
El cierre de la entrevista deja una imagen ambivalente. Por un lado, la de una política hábil que ha sabido navegar la tormenta del secuestro de su predecesor y convertir una crisis existencial en una oportunidad de reacomodo con la superpotencia. Por otro, la de un régimen que, pese a los gestos de apertura, mantiene estructuras de control y represión intactas, con cientos de presos y una oposición diezmada. La comunidad internacional observa con atención: mientras la Casa Blanca celebra los contratos petroleros, la Unión Europea y organismos como la CIDH recuerdan que la legitimidad no se construye solo con recursos naturales, sino con libertades y garantías. En ese equilibrio inestable, Delcy Rodríguez ha logrado proyectar la imagen de una líder que, sin renunciar al relato de la revolución, negocia con el imperio. Y en ese relato, Nicolás Maduro sigue siendo el líder legítimo de Venezuela, aunque su trono esté ahora al otro lado del mar.

