La presidenta encargada de Venezuela, Delcy Rodríguez, lanzó un llamado vehemente a la juventud del país para mantenerse unida, comprometida con la paz y la convivencia democrática, en el marco de manifestaciones y movilizaciones juveniles que tomaron las calles de Caracas por el Día de la Juventud. La acción busca canalizar la energía generacional hacia la estabilidad social y el diálogo institucional, mientras la nación enfrenta retos económicos y políticos profundos.
Juventud como actor central de cohesión social
Durante los actos conmemorativos, Rodríguez invitó a estudiantes y trabajadores jóvenes a integrarse en programas orientados a la convivencia democrática y la paz, enfatizando que “la democracia se fortalece cuando las diferencias se expresan a través del entendimiento y la participación constructiva”. Además, anunció el financiamiento de 400 proyectos productivos liderados por jóvenes, con el objetivo de traducir acción social en oportunidades económicas.

En un país marcado por polarizaciones y tensiones, este llamado adquiere relevancia estratégica: la juventud venezolana representa una parte significativa de la población y su papel en la cohesión o fractura social es determinante. Analistas en sociología política han señalado que espacios de diálogo y participación efectiva para jóvenes pueden ser catalizadores de estabilidad a medio plazo, reduciendo la propensión a la desmovilización social o la confrontación callejera.
Paz, convivencia y desafíos estructurales
El contexto político en Venezuela sigue siendo complejo. En paralelo al llamado de Rodríguez, se producen debates sobre leyes de amnistía, liberaciones de políticos presos y propuestas de diálogo nacional que pretenden mitigar tensiones acumuladas tras años de crisis institucional. La presidenta encargada ha promovido una agenda pública que enfatiza la paz como principio rector de la vida social y política, y ha buscado articulación con diversos actores, incluidos mediadores internacionales, como el expresidente español José Luis Rodríguez Zapatero, en esfuerzos de diálogo y reconciliación social en Venezuela.
Sin embargo, la implementación de programas de convivencia requiere no solo declaraciones públicas sino mecanismos institucionales y espacios de participación genuina. La participación juvenil en ferias productivas, comisiones de diálogo y plataformas políticas podría traducirse en avances concretos hacia una cultura de paz sostenible.

El rol político de una generación
La juventud venezolana, movilizada por demandas de inclusión, libertad y oportunidades, se encuentra en una encrucijada. La invitación de Rodríguez a unidad por la paz y convivencia puede interpretarse tanto como una estrategia para consolidar cohesión social en un contexto de transición, como un llamado a posicionar a las nuevas generaciones frente a retos históricos del país.
La interrogante que queda abierta para el lector, la sociedad venezolana y los propios jóvenes es:
¿Podrá esta generación canalizar su impulso y energía hacia una convivencia democrática duradera que supere los viejos antagonismos y contribuya a la construcción de un proyecto nacional de paz y desarrollo?

