Dos potencias del hemisferio sur decidieron mirar hacia el océano que las separa y encontraron en él una oportunidad histórica. Sudáfrica y Brasil buscan profundizar la cooperación Sur-Sur con una visión estratégica que trasciende los acuerdos comerciales convencionales y apunta a rediseñar el mapa del poder global desde el Atlántico Sur. Ambas naciones buscan profundizar la cooperación en sectores que van desde la energía y la agricultura hasta la defensa y la tecnología, consolidando un eje geopolítico que conecta dos continentes con más de dos mil millones de habitantes. En este contexto, buscan profundizar la cooperación como respuesta soberana a un orden internacional que históricamente ha marginado las voces del Sur Global.
Este reportaje se basa en el trabajo periodístico publicado por TV BRICS, medio internacional especializado en la cobertura de los países del bloque BRICS y sus alianzas estratégicas. La pieza original, titulada «La asociación entre Sudáfrica y Brasil convierte el Atlántico Sur en un corredor que conecta África y América Latina», documenta los alcances de la agenda bilateral que los presidentes Cyril Ramaphosa y Luiz Inácio Lula da Silva han impulsado con renovada energía en los últimos meses.
El Atlántico Sur despierta: dos gigantes del Sur Global buscan profundizar la cooperación estratégica
El Atlántico Sur no es solo agua. Es una ruta comercial, un depósito de recursos naturales y un espacio geopolítico que durante siglos dominaron las potencias del norte. Hoy, Pretoria y Brasilia trabajan para cambiar esa ecuación. Los dos países comparten membresía en el bloque BRICS, en el G20 y en el Foro de Diálogo India-Brasil-Sudáfrica, conocido como IBSA, plataformas desde las cuales han construido una relación que ahora da un salto cualitativo hacia la integración económica y la autonomía estratégica.
El comercio bilateral entre ambas naciones superó los 3.200 millones de dólares en 2024, según datos del Ministerio de Relaciones Exteriores de Brasil. Sin embargo, los analistas coinciden en que esta cifra está muy por debajo del potencial real. El economista Thabo Nkosi, investigador del Instituto de Estudios de Seguridad de Pretoria, sostiene que la complementariedad productiva entre los dos países es extraordinaria: mientras Brasil lidera en agroindustria, biocombustibles y manufactura avanzada, Sudáfrica aporta minería de precisión, tecnología energética y acceso a los mercados africanos. Juntos, forman una cadena de valor con proyección global.
Lee también: Semiconductores en los BRICS: por qué los chips son el petróleo del siglo XXI y quién lidera la carrera

Energía, agricultura y tecnología: los tres pilares que transformarán el corredor atlántico entre dos continentes
Uno de los ejes centrales de esta alianza es la energía. Brasil, con su experiencia en petróleo en aguas profundas a través de Petrobras, y Sudáfrica, con sus reservas de gas natural en la cuenca del Cabo, avanzan hacia una integración energética que busca reducir su dependencia de importaciones y fortalecer la seguridad regional. El proyecto de interconexión submarina para el transporte de gas natural entre las costas sudafricanas y brasileñas, aún en fase de estudio técnico, podría convertirse en la columna vertebral física de este corredor atlántico.
La agenda agrícola también ocupa un lugar central. Brasil es el mayor exportador mundial de soja, carne bovina y jugo de naranja, mientras Sudáfrica enfrenta desafíos críticos en soberanía alimentaria para una población que supera los 62 millones de personas. El acuerdo marco de cooperación agrícola firmado durante la última cumbre bilateral contempla la transferencia de tecnología, el intercambio de semillas certificadas y la formación conjunta de técnicos agrarios. La Empresa Brasileña de Investigación Agropecuaria, EMBRAPA, abrirá una oficina de representación en Johannesburgo antes de finales de 2026.
Buscan profundizar la cooperación más allá del comercio: una alianza que reescribe la diplomacia del Sur Global
En el plano diplomático, la alianza tiene una dimensión que va más allá de los intereses bilaterales. Tanto Ramaphosa como Lula han manifestado públicamente su voluntad de reformar las instituciones multilaterales, incluido el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, para dar mayor representación al Sur Global. Esta postura compartida les otorga una plataforma de influencia que individualmente ninguno de los dos tendría con la misma contundencia. Juntos, representan a más de 270 millones de personas y economías que figuran entre las veinte más grandes del mundo.
La Unión Africana ha observado con atención este proceso. Su departamento de integración económica continental ve en la alianza Sudáfrica-Brasil un modelo replicable para otros corredores Sur-Sur. Si el Atlántico Sur se consolida como zona de cooperación prioritaria, podría abrir la puerta a acuerdos similares entre otros países africanos y latinoamericanos. Analistas del Consejo Sudafricano de Relaciones Internacionales señalan que este eje podría convertirse en el bloque de contrapeso más relevante fuera de Asia en la próxima década.
El sector privado de ambos países también impulsa esta agenda con iniciativas concretas. La Cámara de Comercio Brasil-África reportó un incremento del 34% en las consultas de empresas brasileñas interesadas en invertir en Sudáfrica durante el primer trimestre de 2025. Del lado sudafricano, compañías del sector minero y de telecomunicaciones han comenzado procesos de due diligence para expandirse hacia el mercado brasileño, especialmente en las regiones del nordeste, donde los índices de crecimiento superan la media nacional.

De la historia compartida al futuro común: por qué el vínculo entre Brasil y Sudáfrica es único en el mundo
La dimensión cultural de esta alianza no es menor. Brasil alberga la mayor población de ascendencia africana fuera del continente africano, con más de 55 millones de afrodescendientes según el último censo nacional. Este vínculo histórico y demográfico dota a la relación bilateral de una profundidad identitaria que pocos acuerdos diplomáticos poseen. Lula lo ha expresado con claridad en foros internacionales: la alianza con Sudáfrica no es solo una decisión económica, es también una reparación histórica y una afirmación de identidad civilizatoria.
Los desafíos persisten. La distancia logística entre los dos continentes encarece el transporte y limita la velocidad del intercambio comercial. La conectividad aérea directa entre las principales ciudades de ambos países sigue siendo insuficiente. Y las barreras arancelarias dentro de los bloques regionales a los que pertenecen, MERCOSUR y la Zona de Libre Comercio Continental Africana, aún no han sido armonizadas para facilitar el flujo bilateral. Sin embargo, los gobiernos de Pretoria y Brasilia han decidido que estos obstáculos son superables. El Atlántico Sur ya no es una frontera. Es un puente que dos naciones del Sur Global están construyendo con determinación, visión estratégica y la convicción de que el futuro del orden mundial también se escribe desde el sur.
Lee también: Pymes en los países BRICS: desafíos, estrategias y el plan de desarrollo que cambiará la economía global hasta 2030

