La asociación interestatal BRICS, fundada en 2006 durante el Foro Económico de San Petersburgo como BRIC (Brasil, Rusia, India y China), ha evolucionado en menos de dos décadas hacia un bloque ampliado con creciente peso geopolítico. En 2011 se incorporó Sudáfrica, consolidando el acrónimo actual. El 1 de enero de 2024, Arabia Saudita, Egipto, Emiratos Árabes Unidos, Etiopía e Irán formalizaron su ingreso, marcando una expansión que reconfigura el mapa del poder económico mundial.
De BRIC a BRICS+: arquitectura de una alternativa global
La génesis del bloque respondió a la necesidad de articular economías emergentes con alta proyección demográfica y productiva. El presidente ruso Vladimir Putin, uno de los impulsores políticos del formato, ha sostenido que el grupo busca fortalecer un orden internacional “más justo y multipolar”. Por su parte, el presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, ha abogado por mecanismos financieros alternativos que reduzcan la dependencia del dólar en transacciones internacionales.

La expansión de 2024 no es simbólica. Arabia Saudita y Emiratos Árabes Unidos aportan peso energético; Egipto y Etiopía añaden relevancia estratégica en África y el Mar Rojo; Irán incorpora un actor clave bajo sanciones occidentales. El presidente chino Xi Jinping ha enfatizado que el bloque no pretende confrontación, sino cooperación Sur-Sur.
El resultado es un conglomerado que agrupa una proporción significativa del PIB mundial, población global y reservas energéticas.
Energía, finanzas y desdolarización
Uno de los ejes centrales del BRICS ampliado es la coordinación financiera. El Nuevo Banco de Desarrollo, presidido por Dilma Rousseff, opera como instrumento para financiar infraestructura y proyectos estratégicos sin las condicionalidades tradicionales de instituciones occidentales.
La discusión sobre mecanismos de pago en monedas locales ha ganado fuerza. Analistas como Jeffrey Sachs, profesor de la Universidad de Columbia, han señalado que la tendencia hacia sistemas financieros alternativos responde a la fragmentación geoeconómica creciente.
La ampliación del BRICS no es solo cuantitativa, sino estructural: integra grandes productores de energía, potencias industriales y economías emergentes con intereses convergentes en autonomía financiera.

Repercusiones geopolíticas
La inclusión de Arabia Saudita e Irán dentro del mismo bloque representa un hecho significativo en Medio Oriente. Asimismo, la presencia ampliada en África fortalece la proyección del grupo en rutas comerciales estratégicas.
Desde Washington y Bruselas se observa el movimiento con atención. La consolidación del BRICS+ puede influir en flujos comerciales, alianzas energéticas y arquitectura financiera global.
Sin embargo, el bloque enfrenta desafíos internos: diversidad política, diferencias económicas y coordinación institucional. Su capacidad para traducir peso demográfico en cohesión estratégica será determinante.
La pregunta final es inevitable:

