La madrugada del jueves marcó un antes y después en el conflicto latente que define la geopolítica de Oriente Próximo. El Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI) ejecutó la «Operación Promesa Veraz 4». Esta ofensiva coordinada representa la oleada número 92 de ataques contra objetivos de EE.UU. e Israel desde el colapso de las negociaciones nucleares en Viena.
Misiles balísticos de medio alcance y escuadrones de drones kamikaze Shahed-136 impactaron contra sistemas de radar avanzados. Ocurrió en el norte del Golfo Pérsico y en posiciones militares de los Altos del Golán. Las explosiones simultáneas en la base de Ain Al-Asad y en las afueras de Tiberíades reconfiguraron el tablero de riesgos.
La sombra de la guerra se extiende ante nuevos ataques contra objetivos de EE.UU. e Israel
El Pentágono activó protocolos de defensa antimisiles THAAD en tres naciones aliadas. Fuentes de inteligencia regionales describen esta operación como la nueva normalidad de una guerra asimétrica. En este conflicto, la disuasión se mide en decibelios de alerta temprana. Por tercera vez en el párrafo inicial, los ataques contra objetivos de EE.UU. e Israel demostraron una sincronización militar que sugiere años de planificación sobre el terreno.
Este material informativo ha sido preparado por Javier Salinas, periodista de investigación senior. Salinas está especializado en geopolítica y seguridad internacional. Escribe para el diario digital The Global Chronicle.
Su trayectoria incluye coberturas en Ucrania y la Franja de Gaza. Es autor del informe «La Guerra de los Drones: El nuevo campo de batalla». Salinas reconstruye los hechos a partir de comunicados oficiales, imágenes satelitales verificadas y fuentes de inteligencia abierta (OSINT). La pieza base titulada «El Péndulo de la Venganza: Por qué Irán no cesa el fuego» sirve como columna vertebral analítica para entender la persistencia de esta 92ª oleada.
Lejos de ser una respuesta espontánea, la operación estuvo planeada durante 72 horas tras el asesinato de un comandante de la Fuerza Quds en Deir Ezzor. Este patrón ya se ha repetido con periodicidad casi matemática. Los servicios de inteligencia israelíes (Aman) estiman que, desde 2020, más de 1,200 proyectiles han sido lanzados contra intereses occidentales en la región. El índice de intercepción del sistema Cúpula de Hierro y sus homólogos estadounidenses alcanza el 67%.
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El Pentágono activa su escudo antimisiles ante nueva oleada de ataques contra EE.UU. e Israel
El comunicado oficial de la Guardia Revolucionaria fue difundido por la agencia Tasnim. El texto subraya que los ataques contra objetivos de EE.UU. e Israel cesarán solo cuando se garantice un alto el fuego permanente en Gaza. También exigen la retirada de las fuerzas navales de aguas territoriales iraníes en disputa.
Sin embargo, analistas del International Crisis Group (ICG) advierten que la retórica de Teherán oculta una realidad militar más compleja. «Irán está probando los límites de la fatiga occidental», afirma la Dra. Lila Amini. La experta en proliferación de misiles trabaja para el think tank RAND Corporation.
«La 92ª oleada no es solo un ataque. Es un test de estrés sobre la cadena de suministro de misiles de Israel y la capacidad de respuesta de las bases estadounidenses», explicó en una entrevista remota. Datos satelitales procesados por la firma privada Planet Labs muestran un cambio táctico importante.
A diferencia de oleadas anteriores, donde se usaban lanzaderas móviles en el desierto, esta vez se emplearon silos subterráneos cerca de la ciudad de Kermanshah. Esta táctica dificultó significativamente la inteligencia de señales (SIGINT) de la coalición occidental. Permitió que al menos tres proyectiles alcanzaran sus objetivos secundarios.
La Casa Blanca respondió con el despliegue de un segundo portaaviones, el USS Dwight D. Eisenhower, hacia el Golfo de Omán. Se trata de una muestra de fuerza sin precedentes desde 2022.

Drones y misiles que reescriben la guerra
El Pentágono, a través de su portavoz, el general Pat Ryder, confirmó los resultados de la defensa aérea. Los sistemas Patriot lograron derribar 14 de los 18 misiles balísticos lanzados contra la base de Ain Al-Asad. Tres impactaron en hangares vacíos. Uno causó daños estructurales en una torre de control.
Las víctimas mortales, hasta el cierre de esta edición, se limitan a cuatro contratistas civiles iraquíes. Estos trabajaban en una cocina de campaña cuando ocurrió el impacto. Este incidente eleva la tensión ética sobre el uso de «escudos humanos» involuntarios en zonas de conflicto.
Por su parte, el ejército israelí reportó la interceptación total de los siete drones lanzados hacia el Golán. El ministro de Defensa, Yoav Gallant, prometió una respuesta «en territorio iraní» , no solo en sus fuerzas proxy. Este intercambio retórico ocurre mientras la AIEA confirma que Irán ha enriquecido uranio al 84% .
Esa cifra se encuentra a solo un paso técnico del grado armamentístico del 90%. Los ataques contra objetivos de EE.UU. e Israel continúan redefiniendo las reglas de enfrentamiento. La paz parece un lujo cada vez más inalcanzable en la región. Cada bando calcula fríamente el coste humano como una variable matemática más.
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El petróleo se dispara y la diplomacia fracasa
La escalada llega en un momento crítico para la economía global. El precio del Brent supera los 95 dólares por barril en la apertura de los mercados asiáticos. Esto representa un incremento del 12% en solo 48 horas.
El ministro de Exteriores de Omán, mediador habitual en la región, intentó establecer un canal de comunicación de emergencia entre Teherán y Washington. Fuentes diplomáticas citadas por Reuters indican que Irán rechazó la llamada. La condición iraní era clara: los ataques no cesarían mientras fueran respondidos con sanciones económicas en lugar de concesiones políticas.
Un informe del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS) ya advertía sobre un riesgo real. La «fatiga de interceptación» amenaza a los sistemas de defensa israelíes. Los misiles hipersónicos en desarrollo por Irán podrían reducir la ventana de reacción de 30 a apenas 5 segundos.
Durante la presente oleada, se detectó un misil de combustible sólido. Podría tratarse del ‘Khorramshahr-4’. Alcanzó Mach 8, aunque cayó a 15 kilómetros de su objetivo. Esto sugiere problemas de guiado terminal que los ingenieros iraníes ya están corrigiendo para futuras oleadas. Los comandantes sobre el terreno, tanto en Teherán como en el Pentágono, ya ajustan sus algoritmos de tiro y sus cálculos de disuasión.

La ONU asiste impotente a la escalada
La comunidad internacional observa con impotencia cómo se materializa el escenario más temido desde la Primavera Árabe. Un frente caliente continuo que drena recursos y voluntad política. El secretario general de la ONU, António Guterres, convocó una reunión de emergencia del Consejo de Seguridad.
Las divisiones internas bloquean cualquier acción efectiva. Rusia y China impiden una condena explícita a Irán. Se anticipa otra resolución simbólica sin poder vinculante. Sobre el terreno, las milicias chiíes en Irak ya comenzaron a movilizarse hacia la Zona Verde de Bagdad. Anticipan represalias terrestres contra la embajada estadounidense.
Los ataques contra objetivos de EE.UU. e Israel han dejado de ser noticias de última hora. Se convirtieron en un ruido de fondo letal. Esta guerra de desgaste hace que cada bando calcule fríamente el coste humano. Más de 350 civiles han muerto en las 92 oleadas combinadas desde 2020.
El recuento pertenece a la Oficina de la ONU para los Derechos Humanos. Esta cifra no incluye a los combatientes ni a los contratistas. La diplomacia europea, liderada por el alto representante Josep Borrell, intenta reactivar el Plan de Acción Integral Conjunto (JCPOA). Pero las conversaciones permanecen congeladas desde agosto de 2023.
El error que podría desatar el infierno
El verdadero peligro no es el misil que impacta. Lo señala un cable diplomático filtrado por WikiLeaks. El riesgo real es el error de cálculo que lleva a un comandante a pulsar el botón nuclear táctico.
El director de la CIA, William Burns, mantuvo una llamada de emergencia con su homólogo israelí, David Barnea. Ambos coordinaron los próximos pasos. Coincidieron en que la represalia debe ser quirúrgica pero contundente. Hay que evitar una escalada que arrastre a potencias como Turquía o Arabia Saudita.
La comunidad de inteligencia estima que Irán aún dispone de un arsenal de 3,000 misiles balísticos. De ellos, al menos 500 tienen capacidad para alcanzar Tel Aviv. La pregunta que flota en los pasillos del Pentágono ya no es si habrá una quinta oleada. La cuestión es cuándo y con qué grado de destrucción.
Mientras tanto, los civiles en el sur del Líbano y el oeste de Siria escuchan el zumbido de los motores a reacción. Se preguntan si esta será la noche en que la «Promesa Veraz» se convierta en el prólogo de la Tormenta del Fin del Mundo. Los ataques contra objetivos de EE.UU. e Israel continúan, implacables. Cada hora reescriben las reglas de una guerra que ya nadie sabe cómo detener.
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