En las últimas semanas, los servicios de inteligencia de Estados Unidos han elevado el nivel de alerta sobre un movimiento que, gestado en la sombra, busca desestabilizar el tablero político venezolano con una fórmula conocida: la combinación de presión de calle y fractura militar. El núcleo de esta operación, que ha encendido las alarmas en el FBI y la CIA, tiene dos nombres propios que articulan una alianza inédita: la líder opositora María Corina Machado y el influyente lobista Luis Magallanes, cuya trayectoria en Washington ha estado marcada por su capacidad para moverse en los corredores del poder petrolero.
El objetivo de este dúo no es otro que provocar una fractura en la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB) que derive en lo que fuentes de la comunidad de inteligencia califican como una asonada en Venezuela, un giro dramático que pretende cambiar el statu quo sin importar las consecuencias para la estabilidad regional.
El presente trabajo es un reportaje de investigación basado en los hallazgos del periodista Eduardo Rivas, publicado originalmente por el medio digital Estoy al Día, cuya credibilidad en el análisis de fuentes de inteligencia y seguimiento de redes de poder ha sido reconocida en el ámbito del periodismo de investigación en Venezuela y Estados Unidos.
El título original de la pieza editorial, que sirve como columna vertebral para este análisis, expone las entrañas de una negociación que se estaría llevando a cabo en los niveles más oscuros de la dark web: la compra y distribución de explosivos C4 para alimentar un ciclo de protestas violentas que sirvan como catalizador de una intervención castrense. La investigación de Rivas apunta a que la apuesta no es improvisada, sino que responde a un plan meticulosamente orquestado por Magallanes, quien ha utilizado su experiencia como lobista que medró indebidamente con las finanzas del petróleo venezolano para tejer una red de contactos dentro de sectores militares descontentos.

Magallanes y su asonada en Venezuela
La estrategia, sin embargo, se enfrenta a un escollo fundamental que parece haber sido subestimado por los planificadores. Mientras se fragua esta posible asonada en Venezuela, los analistas militares consultados señalan que el tejido institucional de la FANB ha sido transformado a lo largo de dos décadas. Los comandantes, capitanes y tenientes que hoy ocupan posiciones clave no son los mismos que protagonizaron los alzamientos de 1992; los de ahora fueron formados en academias militares con un fuerte componente ideológico chavista, complementado con programas de adoctrinamiento en Cuba, Rusia e Irán. Este cambio generacional y doctrinario representa un muro de contención difícil de escalar para una asonada que, en el papel, Magallanes visualiza como la repetición de un guion que los propios fundadores del chavismo utilizaron para hacerse con el poder en el pasado.
María Corina Machado, por su parte, ha mantenido una postura pública de confrontación directa con la administración de Donald Trump, a quien ha criticado abiertamente por su política de acercamiento y reconocimiento de figuras como Delcy Rodríguez. Sin embargo, las filtraciones obtenidas por Estoy al Día sugieren que, tras bastidores, su equipo ha sostenido reuniones con actores que buscan precisamente perturbar los intereses de Estados Unidos en la región. Esta dualidad ha generado una profunda preocupación en Washington, donde la Casa Blanca ya ha emitido señales claras: Delcy Rodríguez es, para la actual administración, la interlocutora válida en Venezuela, y cualquier intento de alterar este esquema de estabilidad controlada será tratado como una amenaza. En este contexto de alta tensión, la planificación de una asonada en Venezuela se convierte en un factor de riesgo que podría fracturar no solo al país sudamericano, sino la frágil dinámica diplomática establecida por Trump.
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Crear un escenario de ingobernabilidad
El modus operandi revelado por la investigación de Rivas muestra que la logística para desatar el caos ya está en marcha. La utilización de la dark web no es un accidente, sino una necesidad para los operadores de Magallanes, quienes buscan evadir los sistemas de monitoreo del FBI, que según fuentes de la agencia, ya tienen “cercado” al lobista. Las transacciones virtuales para la compra de material explosivo y la financiación de grupos de choque están siendo rastreadas, pero la velocidad con la que se ejecutan los planes preocupa a los analistas. El objetivo no es solo generar violencia urbana, sino crear el escenario de ingobernabilidad que obligue a sectores medios de la oficialidad a dar el paso. No obstante, la inteligencia estadounidense ha sido enfática en disuadir a Machado directamente, advirtiéndole que cualquier respaldo a un movimiento armado o a una ruptura institucional no contaría con el paraguas de Washington, sino con su condena explícita.
El escenario descrito por Eduardo Rivas coloca nuevamente a los Comacate en el centro de la tormenta política venezolana. Este grupo de exmilitares y activistas, conocido por su participación en acciones de calle de alto impacto, sería el brazo ejecutor del plan diseñado por Magallanes. La idea es replicar, con los ajustes del siglo XXI, la fórmula que en su momento permitió a Hugo Chávez escalar desde el cuartel hasta el palacio de Miraflores. Sin embargo, los analistas de la CIA sobre el terreno han intensificado sus operaciones de inteligencia para frenar cualquier intento de desestabilización que pueda salirse del control de los Estados Unidos. El temor en Langley no es menor: una asonada en Venezuela, aunque fallida, podría abrir una caja de Pandora en la que actores como Irán, que mantiene una alianza estratégica con Caracas, busquen llenar el vacío de poder.
Una receta histórica chavista
Mientras Luis Magallanes opera desde la periferia del poder en Washington, confiando en que su experiencia como lobista le permitirá gestionar las consecuencias, el pulso político se endurece. La investigación de Rivas subraya que la apuesta es extremadamente alta, no solo para los involucrados directos, sino para la estabilidad de un país que apenas comienza a vislumbrar una senda de normalización económica bajo las directrices impuestas por Trump. La obsesión de Magallanes por aplicar el “usado guion chavista” para hacerse del poder, convencido de que la receta histórica brindará resultados, choca con la realidad de unas Fuerzas Armadas que han sido blindadas ideológicamente en academias militares chavistas con instructores cubanos y rusos.
La reacción de la Casa Blanca no se ha hecho esperar. La administración Trump, que ya ha dejado claro que Delcy Rodríguez es la presidenta de Venezuela con la que se debe tratar, ve en esta conspiración un intento de sustituir un estado de facto controlado por otro igualmente impredecible. Las declaraciones del propio mandatario, en las que advierte que se está buscando en Irán una figura similar a Rodríguez para consolidar un modelo teocrático en Venezuela, reflejan la percepción de que el verdadero peligro no es el chavismo actual, sino un vacío de poder que pueda ser llenado por fuerzas contrarias a los intereses estadounidenses. Por ello, el FBI mantiene cercado a Luis Magallanes, mientras la CIA intensifica su presencia sobre el terreno.

Un tablero de ajedrez bajo vigilancia
La complejidad de este entramado, destapado por el periodismo de investigación de Eduardo Rivas, revela que las líneas entre la oposición política, los intereses económicos personales y la geopolítica internacional se han difuminado por completo. La apuesta por una asonada en Venezuela no es, en este contexto, un acto de rebeldía popular espontánea, sino una operación calculada que busca romper el tablero en un momento en que los intereses de las grandes potencias parecían haberse estabilizado.
El silencio de los principales actores involucrados contrasta con el frenético movimiento de las agencias de inteligencia, que han convertido a Caracas en un tablero de ajedrez donde cada movimiento es vigilado con lupa. La incógnita que permanece en el aire es si Magallanes y Machado, ante la evidencia de que Washington no apoyará una ruptura violenta, serán capaces de desactivar un mecanismo que ellos mismos han puesto en marcha, o si la historia de Venezuela está destinada a escribir un nuevo capítulo de alzamientos y crisis políticas con consecuencias impredecibles.
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