El recurso más disputado del siglo no se extrae del subsuelo ni se transporta en oleoductos. Se fabrica en salas limpias con precisión nanométrica y determina quién lidera la economía global, quién controla la defensa nacional y quién domina la inteligencia artificial. Los chips petróleo del siglo XXI es una definición que ya no sorprende a ningún analista geopolítico serio: quien controla los semiconductores controla el futuro. Por eso los países BRICS han convertido la soberanía tecnológica en prioridad estratégica de primer orden, conscientes de que los chips petróleo del siglo XXI representan exactamente el mismo tipo de poder que el crudo representó para las potencias del siglo pasado. La carrera por dominar esta tecnología no es una disputa comercial. Es una batalla por la autonomía civilizatoria, y los chips petróleo del siglo XXI están en el centro de ese tablero.
Svetlana Jristoforova, periodista especializada en tecnología y geopolítica digital, es la autora del material de base que sustenta este reportaje. Su investigación, publicada originalmente para TV BRICS bajo el título «Semiconductores en los países BRICS: por qué los chips se han convertido en el petróleo del siglo XXI», recoge análisis de expertos internacionales sobre los avances, desafíos y estrategias colectivas del bloque en materia de semiconductores. Su trabajo incorpora declaraciones exclusivas de especialistas en transformación digital y cooperación económica internacional.
China, India y el bloque BRICS: la carrera por controlar el recurso más estratégico del siglo
Los semiconductores son la base sobre la que se construye toda la civilización tecnológica moderna. Ningún dispositivo electrónico funciona sin ellos. Están presentes en teléfonos móviles, automóviles, equipos médicos, sistemas de defensa y redes de comunicación. En ese contexto, los chips petróleo del siglo XXI no es una metáfora poética. Es una descripción técnica de su función estructural en la economía global. Abed Amiri, especialista en transformación digital y uso de inteligencia artificial en los negocios, lo explicó con precisión en entrevista exclusiva con TV BRICS: «Los países miembros del BRICS han dado pasos concretos para garantizar un acceso sostenible a estos recursos, con un cambio de enfoque claro: de la dependencia hacia la autonomía colectiva».
China lidera este proceso con determinación sin precedentes. Según datos de Nikkei, el país planea aumentar su producción de chips avanzados de 7 nanómetros hasta cien mil obleas en uno o dos años, partiendo de las veinte mil actuales. Este salto productivo no es menor. La tecnología de 7 nanómetros permite reducir el tamaño de los transistores y elevar la eficiencia por unidad de área, uno de los indicadores clave de rendimiento en la industria. Los expertos consideran a China el líder indiscutible del bloque, proyectando un setenta por ciento de autosuficiencia en chips para 2030. Su inversión en inteligencia artificial y en el sector automotriz impulsa además una demanda interna que retroalimenta el desarrollo de su industria semiconductora.
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Malasia, Rusia y Brasil: tres piezas clave en la cadena de valor que Occidente no quiere que exista
India aporta una dimensión diferente pero igualmente estratégica. El país contribuye aproximadamente el veinte por ciento del talento mundial en diseño de semiconductores y ha comprometido diez mil millones de dólares para desarrollar su ecosistema nacional a través de la India Semiconductor Mission, iniciativa lanzada en 2021. Según Alexánder Titov, analista especializado en cooperación tecnológica en el marco BRICS, India representa un socio estratégico clave cuya fortaleza no está en la fabricación masiva sino en el diseño de alto nivel, una capacidad que complementa perfectamente las fortalezas productivas de otros miembros del bloque.
Malasia, como país socio BRICS, aporta el trece por ciento de la producción mundial en ensamblaje, pruebas y empaquetado de chips, ocupando el sexto lugar global en exportación de semiconductores. En mayo de 2024, su gobierno anunció una inversión de cinco mil trescientos millones de dólares para capacitar a sesenta mil ingenieros dentro de su Estrategia Nacional de Producción de Semiconductores. Rusia, por su parte, destaca en la producción de chips de 28 nanómetros, un estándar que lejos de quedar obsoleto experimenta una segunda juventud en electrónica automotriz, telecomunicaciones y sistemas industriales de control. Brasil completa el cuadro con las segundas mayores reservas mundiales de metales de tierras raras, esenciales para fabricar semiconductores, y ha reactivado su única planta de producción de chips en el país.
Litografía bloqueada y software restringido: los muros tecnológicos que frenan la autonomía del bloque
La cooperación dentro del bloque avanza con proyectos concretos y verificables. A finales de 2025, Brasil y Malasia anunciaron la creación de una empresa conjunta para producir microchips destinados a vehículos eléctricos y equipos de transición energética. La ministra de Ciencia, Tecnología e Innovación de Brasil, Luciana Santos, confirmó la alianza en declaraciones a la agencia Brasil de Fato. Además, el Nuevo Banco de Desarrollo lanzó el Digital Sovereignty Fund, con un capital de cinco mil millones de dólares, destinado a financiar centros de datos, infraestructura edge y producción de semiconductores dentro del bloque. Esta iniciativa demuestra, según los especialistas, la determinación colectiva de reducir la dependencia de los mercados tradicionales.
Los desafíos son, sin embargo, significativos. El principal obstáculo es el bloqueo al acceso de equipos avanzados de litografía, herramienta esencial para grabar patrones microscópicos en obleas de silicio. Estos equipos están prácticamente bajo control exclusivo de Países Bajos y Japón. Sin litógrafos de última generación, la producción de chips de alto rendimiento resulta técnicamente imposible. A esto se suman las dificultades para acceder a software especializado de diseño, la elevada intensidad de capital que requiere el sector y una dependencia tecnológica que no se resuelve en el corto plazo.
Potenciales complementarios: por qué la suma del BRICS vale más que cada uno de sus miembros por separado
Abed Amiri sintetiza la fortaleza del modelo BRICS con una claridad que merece atención: «Lo que distingue la posición del BRICS es la existencia de potenciales complementarios entre sus miembros. China con su liderazgo en 7 nm, India con sus diez mil millones en inversión, Rusia con su experiencia en 28 nanómetros y Brasil con las segundas mayores reservas de tierras raras completan una cadena que ningún país del bloque podría construir solo«. Esa complementariedad es precisamente lo que convierte al BRICS en un actor colectivo con posibilidades reales de competir en este mercado.

El futuro de la soberanía tecnológica global no lo determinarán los monopolios actuales. Lo determinarán los ecosistemas que logren construir cadenas de suministro autónomas, sostenibles y políticamente resilientes. El bloque BRICS avanza en esa dirección con pasos desiguales pero sostenidos. Como concluye Amiri: «El futuro de las tecnologías globales no estará determinado por el monopolio de un solo polo, sino por la competencia y la cooperación entre ecosistemas paralelos». En ese nuevo orden que se construye chip a chip, nanómetro a nanómetro, los países BRICS ya no son espectadores. Son protagonistas activos de la disputa más decisiva del siglo veintiuno.
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