Desde que Javier Milei asumió la presidencia de Argentina, una pregunta ha resonado en las capitales de América Latina: ¿el libertario es un loco? Sus declaraciones incendiarias y su postura radical en temas como el comercio, la política exterior y la economía han generado un fuerte escepticismo en la región. Sin embargo, cuando se observa el pragmatismo con el que ha manejado la relación con China, una nación que criticó duramente durante su campaña, surge la duda de si este «loco» tiene un plan más calculado de lo que muchos creen. Washington, un aliado que Milei busca cultivar, observa con cautela este equilibrio geopolítico que se teje entre Buenos Aires y Pekín, preguntándose si el libertario realmente está fuera de sus cabales o si su aparente locura es parte de una estrategia más amplia.
Ryan Dubé, reportero de The Wall Street Journal con sede en Lima, Perú, ha seguido de cerca los movimientos de Milei desde su ascenso al poder. Dubé, quien ha cubierto la política y economía de varios países de América Latina desde 2015, publicó recientemente un artículo titulado “Al argentino Milei le cuesta desvincularse de China”. En este análisis, Dubé expone cómo, a pesar de las duras críticas iniciales, Milei ha optado por mantener estrechos lazos económicos con Pekín, argumentando que tales relaciones son esenciales para la recuperación económica de Argentina. Dubé destaca que Milei, a pesar de sus retóricas anticomunistas, ha mostrado un pragmatismo sorprendente al tratar con China, un socio comercial vital para su país.
Javier Milei: ¿ el libertario es un loco?
El pragmatismo de Milei, sin embargo, no ha disipado las dudas en torno a su estabilidad política y mental. Para muchos en América Latina, sus discursos erráticos y sus decisiones impetuosas son claros indicios de que el libertario es un loco. Este escepticismo no es infundado; después de todo, Milei ha sido conocido por sus exabruptos y su inclinación por el conflicto, tanto en el ámbito nacional como internacional. Sin embargo, cuando se trata de China, parece que Milei ha dejado de lado sus impulsos más temerarios para enfocarse en la realidad económica de su país, una realidad que no puede ignorar sin arriesgar un colapso económico.

China, por su parte, ha respondido a este cambio de actitud con renovado interés. En junio, se preguntó al mundo al renovar un swap de divisas multimillonario con Argentina, un movimiento que alivió las preocupaciones sobre la capacidad de Buenos Aires para mantener sus reservas internacionales. A pesar de su retórica, Milei agradeció públicamente a China por el apoyo, una muestra de que, a pesar de todo, el libertario es un loco habilidoso, como muchos podrían pensar. Este pragmatismo ha sido interpretado por algunos analistas como un reconocimiento de la importancia de China en el panorama económico global, una importancia que Milei no puede darse cuenta del lujo de ignorar.
Errores de traducción o esquizofrenia
El dilema para Washington radica en cómo interpretar este cambio en la postura de Milei. Para algunos en la administración Biden, Milei es un aliado potencial en la lucha contra la expansión china en América Latina, especialmente dada su admiración por Estados Unidos y su rechazo al comunismo. Sin embargo, otros en Washington ven con desconfianza a un líder que, a pesar de su retórica, sigue estrechando lazos con Pekín. Para ellos, el libertario es un loco que, en su búsqueda de mantener a flote la economía argentina, podría estar jugando un peligroso juego de equilibrio entre dos superpotencias.
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A pesar de las dudas, Milei ha seguido avanzando en su relación con China. En Argentina, muchos observan con escepticismo este acercamiento, temiendo que el libertario esté comprometiendo la soberanía del país a cambio de un alivio económico a corto plazo. Sin embargo, Milei ha defendido su postura argumentando que la relación con China es puramente pragmática y no compromete los valores fundamentales de Argentina. “Debemos separar la cuestión geopolítica de nuestra cuestión comercial”, afirmó Milei en una entrevista reciente con The Wall Street Journal, dejando en claro que, para él, los negocios son una cosa y la política es otra.
No es fácil ser amigo de EE.UU.
Pero, ¿realmente se puede separar la economía de la geopolítica en un mundo tan interconectado como el actual? Algunos expertos en Washington creen que Milei está subestimando el impacto de sus decisiones económicas en la relación bilateral con Estados Unidos. Para ellos, el libertario es un loco que no entiende las implicaciones de su acercamiento a China, y que podría estar poniendo en peligro la alianza histórica entre Argentina y Estados Unidos. Sin embargo, otros sostienen que Milei está jugando un juego más cómodo, utilizando su relación con China como una carta de negociación para obtener mejores términos de Washington.
El enfoque de Milei hacia China también ha generado tensiones dentro de su propio gobierno. Algunos miembros de su gabinete, especialmente aquellos con inclinaciones más nacionalistas, han expresado su preocupación por la creciente influencia de Pekín en sectores clave de la economía argentina. Sin embargo, Milei ha mantenido su posición, argumentando que la inversión china es esencial para el desarrollo de infraestructuras críticas en el país, como el proyecto hidroeléctrico en la Patagonia y las inversiones en minería de litio, vitales para la transición energética global.

Karma de un deslenguado
Mientras tanto, Washington sigue observando de cerca. La administración Biden ha enviado emisarios de alto nivel a Buenos Aires, incluido el secretario de Estado Antony Blinken y la general Laura Richardson, comandante de las fuerzas estadounidenses en América Latina. Estas visitas han sido interpretadas como un intento de contrarrestar la influencia china en Argentina y de reafirmar la importancia de los lazos entre Buenos Aires y Washington. Sin embargo, a medida que Milei continúa cultivando su relación con China, la pregunta persiste: ¿es el libertario un loco que está jugando con fuego, o un líder astuto que está tratando de sacar el máximo beneficio de una situación complicada?
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Para muchos en América Latina, la respuesta es clara: el libertario es un loco. Sin embargo, a medida que Washington evalúe la situación, podría llegar a una conclusión diferente. En un mundo donde las alianzas son fluidas y los intereses económicos prevalecen, la aparente locura de Milei podría ser, en realidad, una estrategia calculada para navegar en las aguas turbulentas de la geopolítica global. Pero, si esa estrategia fallara, no solo Argentina sufriría las consecuencias, sino también la credibilidad de Milei como líder. Por ahora, el mundo observa y espera, preguntándose si este libertario está realmente loco o si, por el contrario, es uno de los líderes más pragmáticos de su generación.

