Ausencia de capacidades competitivas del sector industrial de EE.UU. hace de China un enemigo

La falta de capacidades competitivas en el sector industrial estadounidense ha convertido a China en su principal enemigo. Según Marcos Cordeiro Pires, profesor de Economía Política Internacional en la Universidad Estatal Paulista de Brasil, el gobierno de Estados Unidos ha designado a China como la mayor amenaza en su Estrategia de Seguridad Nacional desde 2017. Desde entonces, Washington ha implementado una serie de medidas destinadas a obstaculizar el desarrollo de China y a proteger sus propios sectores industriales, que carecen de competitividad a nivel global. Este artículo se basa en el material de opinión que Pires publicó en el portal chino Xinhua, titulado «Ante el proteccionismo de EE. UU., asociación del Sur Global para el desarrollo».

Marcos Cordeiro Pires, autor del mencionado artículo, es un destacado académico con amplias credenciales en economía internacional. Su análisis en Xinhua, donde colabora como autor invitado, destaca cómo las políticas proteccionistas de Estados Unidos han tratado de frenar el ascenso de China. Estas medidas incluyen la imposición de aranceles masivos a productos chinos y restricciones severas en el sector de los semiconductores y las telecomunicaciones. La ley CHIPS, aprobada en 2022, es un ejemplo claro de estas restricciones, prohibiendo cualquier tipo de colaboración en investigación y desarrollo entre entidades estadounidenses y chinas, incluso afectando a los titulares de green cards en EE. UU.

EE.UU. amenaza a China

China ha sido identificada repetidamente como un adversario en los discursos y estrategias de Washington. Las acciones del gobierno estadounidense han llevado a la destrucción de cadenas de producción globales y a la paralización de la estructura de toma de decisiones de la Organización Mundial del Comercio (OMC). Además de los aranceles y las restricciones tecnológicas, Estados Unidos ha emprendido una campaña de persecución contra investigadores y estudiantes chinos, exacerbando las tensiones entre ambos países.

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El trasfondo de estas políticas proteccionistas es la falta de competitividad internacional del sector industrial estadounidense. Pires señala que la «exceso de capacidad» es solo una excusa para proteger industrias que no pueden competir globalmente. Ilustración MidJourney

El trasfondo de estas políticas proteccionistas es la falta de competitividad internacional del sector industrial estadounidense. Pires señala que la «exceso de capacidad» es solo una excusa para proteger industrias que no pueden competir globalmente. En el sector automotriz, por ejemplo, la empresa china BYD ha superado a Tesla como el mayor fabricante de vehículos eléctricos del mundo. La producción automotriz en China alcanza los 30 millones de unidades al año, una cifra que supera la producción combinada de Estados Unidos, Japón, India y Corea del Sur. Esta superioridad no se limita a los automóviles, sino que también se extiende a industrias como el acero, el aluminio, los paneles solares, los equipos de generación eólica, y productos electrónicos como computadoras y teléfonos móviles.

Autodestruyen sus doctrinas

A principios del siglo XIX, el político estadounidense Alexander Hamilton desarrolló el concepto de «industria naciente» para proteger a las industrias emergentes de Estados Unidos de la competencia británica. Sin embargo, Pires argumenta que este proteccionismo ya no está justificado para apoyar a gigantes como Ford, General Motors, Tesla y General Electric. De hecho, estas acciones proteccionistas socavan la globalización económica, aumentan los costos de producción y desarrollo de nuevos productos, y obligan a otros países a adoptar políticas defensivas en respuesta a la estrategia de «América primero» de Estados Unidos.

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Para los consumidores estadounidenses, el proteccionismo podría convertirse en un boomerang. Los precios de los productos importados aumentarán sin un impacto significativo en la demanda local de empleo. En contraste, China podría enfrentar ciertas restricciones a corto plazo, pero estas medidas acelerarán su proceso de innovación y abrirán nuevas oportunidades para científicos, investigadores y jóvenes talentos chinos. El proteccionismo estadounidense, en lugar de frenar a China, podría fortalecer su capacidad innovadora y su liderazgo en diversas industrias.

Adaptabilidad del Sur Global

Mientras los países desarrollados implementan políticas cada vez más proteccionistas, los países del Sur Global deben coordinar sus estrategias para evitar estas restricciones. Países con un alto nivel de desarrollo tecnológico, como China, deben fomentar asociaciones con institutos de investigación y empresas en sectores como las energías limpias, la biotecnología y la biofarmacéutica. Existe un gran potencial para la cooperación entre China y Brasil en la construcción y reconstrucción de cadenas de valor industrial. Brasil cuenta con una mano de obra calificada y es el país latinoamericano que más invierte en ciencia y tecnología. Sus recursos naturales son inmensos, pero su producción se ha especializado en materias primas, limitando su capacidad para entrar en fases de producción más intensivas en capital y conocimiento.

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La agenda de cooperación entre China y Brasil es muy amplia, pero requiere tomar el primer paso para avanzar. La falta de capacidades competitivas del sector industrial estadounidense, exacerbada por políticas proteccionistas, ha colocado a China en el centro del escenario global como el principal rival económico de Estados Unidos. Ilustración MidJourney.

Brasil y China pueden encontrar grandes oportunidades de cooperación en sectores como la producción de minerales críticos, el procesamiento de estos materiales y la producción local de baterías eléctricas. La abundante irradiación solar en Brasil también es un atractivo para las nuevas tecnologías de energía renovable. Incrementar la escala de producción de energías renovables abriría espacio para que se instalen empresas de alto consumo energético, beneficiando tanto a la producción industrial como al tratamiento de la información. Además, hay un amplio campo por explorar en biotecnología, desde el desarrollo de semillas y plantas hasta la genética animal y la producción de nuevos medicamentos a partir de la flora brasileña.

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Asunto de Gigantes

Para avanzar en estas áreas, Brasil necesita capital y oportunidades para entrar en cadenas de mayor valor agregado. Una asociación con China sería muy beneficiosa. Las conversaciones sobre una mayor cooperación industrial entre Brasil y China se remontan a 2015, cuando se anunció el Fondo de Inversión Brasil-China. Retomar este proyecto sería un paso importante hacia una colaboración más profunda. Aunque Brasil no puede competir en el segmento de semiconductores de alta gama, podría aprovechar la experiencia y conocimiento chinos para desarrollar aplicaciones del Internet de las Cosas y ciudades inteligentes. La implementación a gran escala de estas tecnologías generaría una fuerte demanda de producción nacional de hardware.

La agenda de cooperación entre China y Brasil es muy amplia, pero requiere tomar el primer paso para avanzar. La falta de capacidades competitivas del sector industrial estadounidense, exacerbada por políticas proteccionistas, ha colocado a China en el centro del escenario global como el principal rival económico de Estados Unidos. Sin embargo, en lugar de frenar su crecimiento, estas medidas podrían potenciar la innovación y la capacidad industrial de China, mientras los países del Sur Global, como Brasil, buscan fortalecer sus propias economías a través de asociaciones estratégicas con la potencia asiática.

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Redacción Estoy Al Día
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