Brasil vence en su terreno a los Estados Unidos: Lidera en homicidios por armas de fuego

Brasil encabeza la lista mundial de homicidios por armas de fuego, superando incluso a Estados Unidos, uno de los países con mayores índices de violencia armada. En el corazón de esta crisis global, ambos países se enfrentan a realidades alarmantes que los colocan en el epicentro de una pandemia de violencia armada que ha cobrado cientos de millares de vidas. En Brasil, la violencia con armas de fuego se ha convertido en una verdadera emergencia de salud pública, con 32.000 asesinatos en 2023 y una tendencia que no muestra signos de disminución.

El análisis de esta problemática ha sido ampliamente abordado por Robert Muggah y Jennifer Tucker, académicos y colaboradores para el portal The Conversation de Brasil. Muggah, profesor de la Pontificia Universidad Católica de Río de Janeiro (PUC-Rio), y Tucker, profesora de Historia en Wesleyan University, publicaron un material titulado «Violencia armada: datos de una pandemia global que tiene sus peores escenarios en Brasil y EE .UU.» En su investigación, ambos autores exponen cómo la violencia armada se ha convertido en un problema de salud mundial, agravado en países como Brasil y Estados Unidos, donde los altos índices de homicidios, lesiones y los enormes costos económicos siguen en ascenso.

Sangre en calles de Brasil

A nivel global, la violencia armada cobró 183.000 vidas en 2021, y aunque Estados Unidos se destaca como una de las naciones ricas más afectadas, Brasil lidera la estadística en homicidios relacionados con armas de fuego. En promedio, 48.000 estadounidenses mueren anualmente por violencia armada, pero Brasil supera esta cifra con un promedio de alarmante de homicidios que posicionan al país sudamericano como líder indiscutible en esta tragedia. Brasil reporta que más del 70% de sus homicidios involucran armas de fuego, un porcentaje significativamente mayor que el promedio mundial del 40%. Además, la mayoría de las víctimas en Brasil son jóvenes de entre 15 y 29 años, principalmente hombres de color, lo que evidencia una violencia estructural que afecta desproporcionadamente a ciertas comunidades.

Brasil reporta que más del 70% de sus homicidios involucran armas de fuego, un porcentaje significativamente mayor que el promedio mundial del 40%. La mayoría de las víctimas en Brasil son jóvenes de entre 15 y 29 años, principalmente hombres de color. Ilustración MidJourney

En contraste con Estados Unidos, donde los tiroteos masivos reciben considerable atención mediática, en Brasil la violencia está más dispersa y menos sensacionalista, pero no por ello menos letal. Gran parte de los homicidios en Brasil están vinculadas a la violencia relacionada con las drogas y el crimen organizado, problemáticas que exacerban la crisis de seguridad y la percepción de peligro en las calles de las grandes ciudades brasileñas. Esta violencia constante y omnipresente no solo afecta a las víctimas directas, sino también a la estabilidad social y económica del país.

Facturación por balas

El impacto económico de la violencia armada en Estados Unidos es asombroso, con costos estimados en más de 550 mil millones de dólares en 2022. Brasil, aunque con una economía distinta, no está exento de los devastadores efectos económicos de la violencia. La inversión en salud pública para atender a los sobrevivientes de la violencia armada, las pérdidas en productividad y el deterioro de la calidad de vida generan un peso insostenible para la nación. A pesar de los esfuerzos por implementar políticas de control de armas, el tráfico ilegal y la alta disponibilidad de armas de fuego continúan alimentando el ciclo de violencia en Brasil.

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Las tasas de homicidios con armas de fuego en otros países de América Latina, como Colombia, Jamaica y México, también superan las de Estados Unidos, lo que convierte a la región en una de las más peligrosas del mundo en términos de violencia armada. Sin embargo, Brasil se destaca con una proporción desmedida de muertes relacionadas con armas de fuego, lo que refuerza su liderazgo en esta categoría trágica. Según el Homicide Monitor, el repositorio público de violencia homicida más grande del mundo, Brasil es responsable de aproximadamente el 17% de todos los homicidios con armas de fuego a nivel global.

La pobreza es un disparador

El perfil de las víctimas en Brasil refleja una problemática social y económica profunda. La mayoría son jóvenes de bajos recursos, atrapados en un ciclo de violencia del cual es difícil escapar. La precariedad social, la falta de oportunidades y la creciente influencia de grupos delictivos agravan la situación, mientras que la aplicación de leyes de control de armas sigue siendo insuficiente y poco efectiva. A diferencia de Estados Unidos, donde se ha debatido ampliamente la necesidad de una regulación más estricta, en Brasil las políticas de control enfrentan retos adicionales relacionados con la corrupción y la ineficacia gubernamental.

La violencia armada en Brasil también ha llevado a algunas ciudades y estados a declarar la violencia armada como una emergencia de salud pública, un enfoque que busca visibilizar la magnitud del problema y canalizar recursos para su mitigación. Esta medida refleja una desesperación creciente ante una problemática que no solo cobra vidas, sino que afecta profundamente la cohesión social y el desarrollo de la nación. La violencia armada en Brasil no solo es un problema de seguridad, sino un obstáculo fundamental para la construcción de un futuro más pacífico y próspero.

Según el Homicide Monitor, el repositorio público de violencia homicida más grande del mundo, Brasil es responsable de aproximadamente el 17% de todos los homicidios con armas de fuego a nivel global. Ilustración MidJourney.

Dos productores de armas

En este contexto, tanto Brasil como Estados Unidos tienen un papel clave en la producción y exportación de armas de fuego que alimentan la violencia en sus respectivos territorios y en otros países de la región. Estados Unidos, como el mayor fabricante y exportador de armas del mundo, contribuye significativamente al flujo de armas que terminan en manos de grupos criminales en América Latina, exacerbando la crisis de seguridad en países como Brasil. La interconexión de ambos países en términos de tráfico de armas resalta la necesidad de un enfoque conjunto para abordar la violencia armada de manera efectiva.

La solución a esta epidemia de violencia armada pasa necesariamente por la implementación y aplicación de una legislación más estricta y basada en evidencia. Experiencias de otros países han demostrado que como las restricciones de venta de armas, las verificaciones de antecedentes y la implementación de programas de recuperación pueden tener un impacto significativo en la reducción de la violencia. Sin embargo, tanto en Brasil como en Estados Unidos, los cambios legislativos enfrentan resistencias políticas y culturales que dificultan la adopción de políticas más efectivas.

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Brasil y Estados Unidos comparten una responsabilidad común en la lucha contra la violencia armada. Mientras que Brasil sigue liderando en homicidios por armas de fuego, ambos países deben considerar medidas más audaces y colaborativas para frenar esta pandemia que sigue cobrando vidas día tras día. La violencia armada no distingue fronteras ni contextos socioeconómicos, y solo a través de un compromiso firme y acciones decididas se podrá comenzar a revertir esta trágica tendencia que coloca a Brasil y Estados Unidos en los primeros lugares de un ranking que ningún país debería desear liderar.

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