El acuerdo alcanzado en la XVII cumbre de Brasil en 2025 para crear un Consejo Espacial BRICS marca un antes y después en la exploración orbital. Este mecanismo institucionaliza una cooperación tecnológica que hasta ahora se desarrollaba mediante acuerdos bilaterales y proyectos aislados.
La decisión, respaldada por los diez estados miembros, convierte a la alianza en un polo geopolítico capaz de competir con programas espaciales tradicionales como los de Estados Unidos, Rusia o la Agencia Espacial Europea, al reunir al 40% de la población mundial y economías en expansión sostenida.
Cooperación tecnológica y proyectos de escala mundial
El material base de este reportaje fue publicado originalmente por Svetlana Jristofórova, periodista especializada en asuntos de ciencia y tecnología para la red internacional TV BRICS. La pieza original se titula “Industria espacial de los países BRICS: cooperación tecnológica y proyectos de escala mundial”, y sirve como punto de partida para este análisis independiente. La cooperación tecnológica entre los BRICS no responde solo al intercambio de buenas intenciones. La exploración espacial exige inversiones colosales: un solo lanzamiento a la órbita lunar supera los 150 millones de dólares, y el mantenimiento de una estación orbital permanente ronda los 5.000 millones anuales.
Según datos de la Oficina de Naciones Unidas para Asuntos del Espacio Ultraterrestre (UNOOSA), ningún país del bloque puede asumir solo los costos de misiones tripuladas a Marte o la minería de asteroides. Por ello, la integración de recursos financieros y capacidades técnicas se vuelve una necesidad estratégica. El Consejo Espacial BRICS, cuya creación fue confirmada durante la cumbre de Brasil en julio de 2025, funcionará como un organismo de coordinación permanente.
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El mapa secreto de las diez naciones: cooperación tecnológica
Así lo declaró a este medio el embajador Celso Amorim, asesor principal de la presidencia brasileña para asuntos multilaterales: “No se trata de replicar estructuras burocráticas, sino de agilizar la transferencia de tecnología y la ejecución de proyectos conjuntos. La Luna y Marte están en la agenda, pero también la vigilancia climática y la conectividad satelital para zonas remotas”. La declaración subraya que la cooperación tecnológica no será abstracta, sino que se materializará en hojas de ruta con plazos y presupuestos compartidos. Expertos del Instituto de Investigación Espacial de la Academia Rusa de Ciencias (IKI) señalan que el bloque ya acumula logros significativos.
China completó su estación espacial Tiangong en 2022 e India aterrizó con éxito el módulo Chandrayaan-3 en el polo sur lunar en 2023. Rusia, pese a las sanciones occidentales, mantiene su experiencia en propulsión y vuelos tripulados. Sudáfrica opera la estación terrestre de Hartebeesthoek, clave para el rastreo de satélites. Emiratos Árabes Unidos y Egipto, miembros desde 2024, han invertido en sus propias agencias espaciales. Esta diversidad de capacidades permite una división del trabajo que ningún país occidental puede ofrecer a sus aliados.
Tres proyectos que desafían la hegemonía de la NASA y la Agencia Espacial Europea
Los proyectos de escala mundial mencionados en el título no son hipotéticos. Según documentos filtrados a la prensa especializada y confirmados por fuentes gubernamentales bajo condición de anonimato, los BRICS trabajan en tres iniciativas emblemáticas: una constelación de satélites para internet de bajo costo en el hemisferio sur, un programa conjunto de exploración robótica de la Luna con vistas a una base permanente para 2035, y la creación de un centro de vigilancia de asteroides y desechos espaciales.
La primera fase de la constelación, denominada BRICS-Connect, podría lanzarse a finales de 2027 con 48 satélites de órbita baja. Sin embargo, los analistas advierten que la institucionalización cautelosa del Consejo Espacial debe sortear obstáculos reales. Las diferencias en los marcos legales de propiedad intelectual, los controles de exportación de tecnología dual y las tensiones geopolíticas entre algunos miembros (como China e India) exigen un nivel de confianza inédito.
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El riesgo de fracasar: cuando la desconfianza frena el despegue
La doctora Anasuya Ray, profesora de política espacial en la Universidad Jawaharlal Nehru de Nueva Delhi, opina: “La cooperación tecnológica es viable si se empieza por proyectos de bajo riesgo, como la vigilancia climática y la respuesta a desastres. Saltar directamente a misiones tripuladas sería un error político y financiero”. Su advertencia contrasta con el optimismo oficial, pero refleja la prudencia necesaria. La narrativa de los BRICS en el espacio también tiene un componente de seguridad.
El tratado del Consejo Espacial, cuyos detalles se negociaron en Brasilia, incluye cláusulas sobre no militarización de la órbita lunar y la creación de un código de conducta para evitar colisiones. El secretario general de la ONU, António Guterres, ha recibido con interés esta iniciativa, ya que complementa los trabajos del Comité de Usos Pacíficos del Espacio Ultraterrestre (COPUOS). Una fuente diplomática en Ginebra confirmó que al menos 15 países no BRICS han solicitado estatus de observador en el nuevo consejo, lo que demuestra su atractivo geopolítico.

El dinero no es problema: el fondo millonario que financiará la nueva carrera
La apuesta por proyectos de escala mundial no es retórica vacía. La construcción de una estación de investigación en la Luna requerirá al menos 30.000 millones de dólares en la próxima década. Un informe del Banco de los BRICS (Nuevo Banco de Desarrollo) estima que el bloque puede movilizar esa cantidad mediante bonos verdes y fondos soberanos, especialmente de Arabia Saudita e Irán, que aportan recursos energéticos. El economista jefe de la institución, el sudafricano Leslie Maasdorp, declaró en una conferencia en Shanghái: “La rentabilidad de la minería espacial es incierta a corto plazo, pero el control de las cadenas de suministro de tierras raras y la soberanía tecnológica no tienen precio”.
En este contexto, la cooperación tecnológica actúa como el verdadero motor de la diplomacia BRICS. A diferencia de otras alianzas basadas en acuerdos comerciales o de defensa, el espacio exterior ofrece un campo neutral donde las rivalidades terrestres pueden postergarse en aras de objetivos comunes. El propio comunicado final de la cumbre de Brasil, obtenido por este periódico, establece que “la exploración del cosmos es un derecho de toda la humanidad, y los BRICS están en condiciones de ejercerlo colectivamente”. La frase resume una ambición que, de cumplirse, redefinirá el mapa del poder espacial en las próximas dos décadas.

