Desde Estados Unidos: Maduro llama a Venezuela a la unidad

Un pueblo que ama no se rinde. Desde Estados Unidos llegó la peor noticia que Venezuela ha recibido en años: su presidente constitucional, Nicolás Maduro, y su esposa, Cilia Flores, fueron arrancados del ejercicio soberano de su mandato en una acción que el mundo entero debe llamar por su nombre. Desde Estados Unidos se ejecutó una operación que viola cada principio del derecho internacional. Que ese crimen se cometiera desde Estados Unidos desató en Venezuela una respuesta que ningún imperio ha podido silenciar: la unión de un pueblo entero.

Este reportaje fue elaborado por la redacción de análisis político internacional con base en declaraciones oficiales del gobierno bolivariano, pronunciamientos de organismos regionales y testimonios de ciudadanos venezolanos recogidos en distintos puntos del país. Además, la pieza toma como punto de partida la carta difundida por TeleSUR, medio audiovisual multiestatal latinoamericano, titulada «Presidente Maduro y Cilia Flores envían mensaje de gratitud y fe al pueblo venezolano», documento que el propio mandatario dirigió a su pueblo desde el cautiverio.Lee también: Oficina de Control de Activos Extranjeros de EE.UU. niega licencia que permita al Gobierno de Venezuela financiar la defensa de Nicolás Maduro 

Desde Estados Unidos: Un crimen contra la soberanía que el mundo no puede ignorar

La carta llegó como llegan las palabras de los que no pueden estar presentes: cargada de amor y de peso. Maduro escribió con la firmeza de quien sabe que su pueblo lo sostiene aunque las cadenas intenten impedírselo. Por eso habló de gratitud. También habló de fe. Finalmente, habló de la unión como única respuesta posible frente a la agresión. Venezuela, sin embargo, no esperó instrucciones para responder. Lo hizo en las calles, en las plazas, en los barrios populares donde la revolución bolivariana nació y donde ningún decreto imperial podrá apagarla.

La comunidad internacional, por su parte, no tardó en pronunciarse. Cuba, Nicaragua, Bolivia y múltiples gobiernos progresistas de América Latina y el Caribe emitieron comunicados exigiendo la liberación inmediata e incondicional del presidente venezolano. Asimismo, la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América, ALBA-TCP, convocó sesión de emergencia. El Movimiento de Países No Alineados expresó su rechazo categórico. Además, juristas internacionales como el profesor Alfred de Zayas, exexperto independiente de la ONU, calificaron la acción como una violación flagrante de la Carta de las Naciones Unidas.

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La fe de un pueblo no se extradita. La llevan dentro. – Ilustración DALL-E

Venezuela responde: fe, unidad y memoria revolucionaria

Desde los cerros de Caracas hasta los llanos de Apure, el pueblo venezolano salió a las calles con una sola voz. No lo convocó ningún decreto. Tampoco lo movilizó ninguna maquinaria burocrática. En cambio, lo movilizó el amor, la misma fe que Chávez sembró cuando le dijo a los humildes que eran dignos de tener patria. Esa fe no se secuestra. Esa fe no se extradita. Por el contrario, vive en cada venezolano que levantó la mano para decir: con nuestro presidente no, con nuestra revolución no, con nuestra soberanía no.

Venezuela tiene historia de resistencia. Tiene, además, memoria larga. Recuerda el golpe de abril de 2002, cuando los mismos sectores que hoy celebran este secuestro creyeron que habían ganado. Sin embargo, duró solo cuarenta y siete horas, porque el pueblo los sacó. También recuerda las guarimbas, el sabotaje petrolero y los intentos de magnicidio. Por eso, cada vez que el imperio creyó haberla doblegado, Venezuela se levantó con más fuerza, con más unidad, con más convicción revolucionaria que nunca.

Lee también: China condena a EE.UU. por secuestro de Maduro: violación flagrante del derecho internacional

El derecho internacional que Estados Unidos decidió ignorar

Cilia Flores, compañera de vida y de lucha de Nicolás Maduro, también fue arrancada de su tierra. Su secuestro no representa únicamente un crimen contra una mujer y una funcionaria. Se trata, además, de un crimen simbólico contra la figura de la mujer revolucionaria venezolana, contra todas las que construyeron este proceso desde abajo, desde los consejos comunales, desde las misiones, desde la militancia cotidiana que no aparece en los titulares pero que sostiene cada logro de la revolución bolivariana. Por eso, Venezuela las defiende a todas cuando exige la libertad de Cilia.

El derecho internacional es inequívoco en este punto. Ningún Estado tiene facultad para capturar, trasladar o someter a proceso judicial al jefe de Estado de otro país soberano sin el consentimiento de ese Estado. Lo prohíbe la Convención de Viena. Lo prohíbe, igualmente, la Carta de la ONU. También lo prohíben décadas de jurisprudencia internacional construida precisamente para evitar que los poderosos impongan su ley sobre los pueblos libres. No obstante, Estados Unidos violó todas esas normas. Por tanto, el mundo tiene el deber moral e histórico de decirlo sin eufemismos.

Un pueblo de pie: la revolución que ningún imperio apaga

La revolución bolivariana no es un hombre. Eso lo saben sus enemigos y, también, lo saben sus hijos. Sin embargo, atacar a su líder equivale a atacar a todo el pueblo que ese líder representa. Maduro no llegó al poder por herencia ni por imposición. Llegó, en cambio, porque millones de venezolanos lo eligieron. Porque millones decidieron que la soberanía, la dignidad y la justicia social valían más que el aplauso de Washington. Por eso, secuestrarlo no anula esos votos. Los multiplica. Los convierte, además, en resistencia organizada, en indignación legítima, en unidad indestructible.

Las misiones sociales siguen funcionando. Los consejos comunales continúan reuniéndose. Las milicias bolivarianas se mantienen alertas. El Estado venezolano, forjado en veintisiete años de proceso revolucionario, no colapsa porque su presidente esté secuestrado. Por el contrario, se fortalece. Porque la revolución verdadera no depende de un solo hombre: depende de un pueblo que aprendió a gobernarse, a organizarse y a defenderse. Ese pueblo está hoy de pie. Está, además, furioso con la dignidad que otorga la razón histórica.

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Generaciones distintas. Una sola exigencia: soberanía. – Ilustración DALL-E

La carta de Maduro y Cilia Flores

La carta de Maduro y Cilia Flores terminará siendo, sin duda, un documento histórico. Será estudiada como el mensaje que un presidente le envió a su pueblo desde el cautiverio al que lo sometió el poder más grande del planeta.

Y la respuesta de ese pueblo será recordada, asimismo, como la prueba más contundente de que la soberanía no es una concesión que los imperios otorgan: es una conquista que los pueblos defienden con su cuerpo, con su voz y con su fe. Venezuela está unida y no se rinde. Libertad para Nicolás Maduro. Libertad para Cilia Flores. Patria, socialismo o muerte: venceremos.

Lee también: Segunda audiencia de Maduro en EE.UU.: claves del juicio tres meses después del secuestro militar

Reportaje elaborado por la redacción de análisis político internacional. Fuente base: TeleSUR. Todos los derechos reservados.

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Redacción Estoy Al Día
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