Dos explosiones sacudieron el desierto del Néguev en la noche del sábado con una diferencia de apenas tres horas. Los misiles iranies han desestabilizado no solo barrios residenciales en Dimona y Arad, sino también la confianza de una nación que creyó durante décadas haber construido el escudo aéreo más sofisticado del mundo. Los misiles iranies han desestabilizado, además, el relato oficial de invulnerabilidad que Israel proyectó durante años ante sus ciudadanos y aliados. Y los misiles iranies han desestabilizado el equilibrio estratégico de Oriente Medio en un momento en que la campaña militar contra Irán, según el propio Estado Mayor israelí, apenas ha llegado a su punto medio.
Este reportaje está basado en el trabajo de Isabel Kershner, corresponsal senior de The New York Times en Jerusalén, quien cubre los asuntos israelíes y palestinos desde 1990. Kershner es una de las voces más autorizadas en el periodismo internacional sobre el conflicto de Medio Oriente, con décadas de cobertura sobre seguridad, política y sociedad en la región.

El corazón nuclear del Néguev, expuesto ante los misiles que nadie pudo interceptar
Pocos lugares en Israel están mejor defendidos que el complejo nuclear de Dimona, situado a trece kilómetros de la ciudad que lleva el mismo nombre. El reactor y el centro de investigación nuclear, corazón del programa atómico israelí desde los años sesenta, están rodeados de baterías antimisiles, radares de última generación y protocolos de respuesta inmediata. Sin embargo, la noche del sábado, dos misiles balísticos iraníes atravesaron ese perímetro de seguridad y aterrizaron en zonas residenciales cercanas, sin ser interceptados. Las imágenes de edificios destruidos y calles convertidas en escombros recorrieron el mundo en minutos.
El ejército israelí admitió haber intentado la interceptación y haber fallado. Esta confesión pública, inusual en una institución conocida por su hermetismo, abrió una caja de preguntas que los analistas de defensa llevan días intentando responder. El sistema antimisiles multicapa de Israel combina el Iron Dome, diseñado para proyectiles de corto alcance, con el David’s Sling y el Arrow 3, concebidos específicamente para interceptar misiles balísticos de largo alcance como los disparados por Irán. Que todos estos sistemas fallaran en una misma noche constituye una anomalía que los expertos califican de extraordinariamente grave.
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Misiles iraníes han desestabilizado un escudo que prometía protección total
Reuven Pedatzur, analista de defensa israelí y excolaborador del Instituto de Estudios de Seguridad Nacional de Tel Aviv, señaló en declaraciones a medios locales que el fallo podría responder a una combinación de factores técnicos y operativos. Entre ellos, la posibilidad de que las reservas de misiles interceptores se hayan reducido de forma crítica tras la guerra de doce días que enfrentó a Israel e Irán el año pasado. Durante ese conflicto, Israel desplegó sus sistemas más costosos de manera intensiva, y varios informes de inteligencia occidentales apuntaron posteriormente a un agotamiento parcial de las existencias de misiles Arrow.
El teniente general Eyal Zamir, jefe del Estado Mayor del ejército israelí, reconoció el sábado que la campaña militar en curso contra Irán se encuentra apenas «a la mitad». Esta declaración, leída entre líneas por los analistas, sugiere que Israel se prepara para semanas adicionales de operaciones de alta intensidad, lo que hace aún más urgente la pregunta sobre la capacidad real del sistema de defensa para resistir nuevas andanadas. Si las reservas de interceptores son limitadas, cada misil que no se derriba no es solo un fallo táctico, sino una decisión estratégica sobre cuándo y dónde gastar munición escasa.
Washington reacciona mientras el impacto de los misiles iranies desestabiliza las reservas israelíes
El primer ministro Benjamin Netanyahu visitó Dimona y Arad el domingo. Frente a las cámaras y rodeado de escombros, calificó de «milagro» que los ataques no hubieran causado víctimas mortales. Instó a la población a tomarse en serio las alertas de misiles entrantes y buscar refugio de inmediato. «No se confíen», advirtió con tono grave. Sus palabras, aunque cargadas de alivio genuino, no lograron ocultar la inquietud que se percibía entre los funcionarios que lo acompañaban.
Desde Washington, el Pentágono emitió una declaración en la que reafirmó su «compromiso irrestricto con la seguridad de Israel» y señaló que sus equipos técnicos están en contacto directo con el Ministerio de Defensa israelí para evaluar los fallos del sistema. Fuentes del Departamento de Estado, que pidieron reserva de identidad, indicaron que Estados Unidos podría acelerar el envío de munición adicional para los sistemas Arrow como parte del apoyo militar ya acordado, aunque no precisaron plazos.

La ingeniería del fallo: cómo Irán aprendió a burlar el radar y desestabilizar la defensa israelí
La opinión pública israelí, acostumbrada a convivir con la amenaza pero también con la certeza de que el escudo aéreo funcionaba, enfrenta ahora una fractura profunda en esa confianza. Encuestas publicadas por el diario Haaretz en los días posteriores al ataque muestran que siete de cada diez ciudadanos israelíes sienten que el gobierno no ha explicado suficientemente qué ocurrió esa noche. La sensación de vulnerabilidad, dicen sociólogos consultados por medios locales, podría tener consecuencias políticas de largo plazo para Netanyahu, cuya gestión de la guerra ya enfrentaba críticas internas crecientes.
En el ámbito técnico, los ingenieros de Rafael Advanced Defense Systems, empresa israelí fabricante del Arrow, trabajan bajo presión para identificar si el fallo fue de software, de hardware o de protocolo humano. Fuentes cercanas al proceso, citadas por el portal de defensa Breaking Defense, apuntan a que los misiles iraníes pudieron haber sido lanzados con trayectorias diseñadas específicamente para saturar y confundir los radares de seguimiento israelíes, una táctica que Teherán habría perfeccionado precisamente a partir de los patrones observados en conflictos anteriores.
El episodio ha reabierto el debate global sobre la fiabilidad de los sistemas de defensa antimisiles como garantía de seguridad nacional. Expertos del Instituto Internacional de Estudios Estratégicos de Londres advierten que ningún sistema, por sofisticado que sea, ofrece una protección del cien por cien frente a ataques masivos y coordinados. Israel lo supo siempre en teoría. El sábado por la noche, lo comprobó en la práctica, sobre el asfalto roto de dos ciudades del desierto.
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