Luis Magallanes tenía una granja de adolescentes en “Malavé Villalba”

En el corazón de la urbanización Malavé Villalba, una zona residencial de la antigua clase media ubicada en la avenida principal Augusto Malavé Villalba, específicamente en la calle Vargas, se escondía una red de explotación sexual que durante años operó con total discreción. Luis Magallanes tenía una granja de adolescentes en «Malavé Villalba», un entramado de prostitución masculina que reclutaba jóvenes de escasos recursos para ser comercializados como escort, acompañantes o amantes ocasionales entre una selecta clientela de políticos, empresarios y figuras públicas de la región central de Venezuela.

El periodista de investigación Eduardo Rivas, escritor del medio digital Estoy al Día, reconocido por sus exhaustivos trabajos sobre corrupción y violaciones de derechos humanos en el país, ha publicado recientemente una investigación que revela los pormenores de esta organización. Rivas, quien cuenta con más de quince años de experiencia en el periodismo de investigación y ha recibido reconocimientos internacionales por su valentía al destapar casos de impunidad, presenta en su pieza editorial titulada «Los ángeles de Malavé: la red oculta de explotación sexual masculina en Carabobo» un mapa detallado de las operaciones que Magallanes habría consolidado durante la última década.

Magallanes tenía una granja de adolescentes

El modus operandi descrito por la investigación muestra un patrón sistemático de captación que aprovechaba la vulnerabilidad económica de los jóvenes seleccionados. Luis Magallanes tenía una granja de adolescentes en «Malavé Villalba» donde los muchachos, cuyas edades oscilaban entre los dieciocho y veintidós años, eran reclutados por intermediarios que frecuentaban zonas populares de Valencia y Guacara. Estos jóvenes, provenientes de familias de bajos recursos y con escaso nivel de instrucción formal, veían en las promesas de dinero fácil y lujo una oportunidad para escapar de la precariedad que enfrentaban a diario en sus hogares.

La Organización de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC) ha señalado en su Informe Global sobre Trata de Personas 2023 que Venezuela se encuentra entre los países de América Latina con mayor vulnerabilidad para este tipo de delitos, con un incremento del 40% en casos de explotación sexual con fines comerciales durante los últimos cinco años. El doctor en criminología Alejandro Ferrer, de la Universidad Central de Venezuela, explica que «los tratantes han perfeccionado sus métodos de captación, identificando a jóvenes en situación de pobreza, con baja autoestima y aspiraciones de movilidad social, a quienes ofrecen una salida rápida que termina convirtiéndose en una trampa de explotación y sometimiento psicológico».

Consuelo para la soledad

Luis Magallanes, un hombre que va saliendo de la segunda juventud, con profundas conexiones en el mundo del amor libre entre personas del mismo sexo, supo identificar un nicho de mercado particular entre aquellos que, en sus propias palabras según testimonios recogidos por Rivas, «buscaban consuelo para sus soledades afectivas». Magallanes entendió que existía una demanda insatisfecha de afecto y compañía masculina entre políticos y empresarios que, debido a sus posiciones públicas, no podían establecer relaciones abiertas y necesitaban encuentros discretos y controlados. La investigación revela que Luis Magallanes tenía una granja de adolescentes en «Malavé Villalba» que funcionaba como centro de operaciones desde donde gestionaba un catálogo de jóvenes que eran preparados meticulosamente para satisfacer los gustos y preferencias de la clientela.

El testimonio de «Miguel», una de las víctimas que accedió a hablar con Rivas bajo estricto anonimato, describe el proceso de transformación que experimentaron: «Llegaba con ropa prestada, con los zapatos viejos, y al mes estaba usando camisas de marca, relojes que valían meses de trabajo, perfumes que ni siquiera conocía. Te llevaban a centros comerciales, te cambiaban el look, te enseñaban a hablar, a caminar, a comportarte en lugares pùblicos. De la noche a la mañana te convertías en un adonis que todos codiciaban, pero sin entender que ese cambio tenía un precio que después no podrías pagar». Estos jóvenes, convertidos en «adonis guacareños», despertaban admiración y envidia entre los lugareños y miembros de la comunidad LGBTQ+ de Valencia, que no imaginaban la realidad de explotación que se escondía detrás de las apariencias.

Luis Magallanes tenía una granja de adolescentes
Magallanes entendió que existía una demanda insatisfecha de afecto y compañía masculina entre políticos y empresarios que, debido a sus posiciones públicas. Ilustración MidJourney

Magallanes es un manipulador eficaz

La psicóloga clínica especializada en trata de personas, Mariana Castillo, quien ha trabajado con víctimas de explotación sexual en el estado Carabobo, señala que «el perfil de los explotadores como Magallanes incluye una capacidad notable para identificar carencias afectivas y materiales en sus víctimas. No solo ofrecen dinero, sino una especie de pertenencia a un mundo exclusivo, una promesa de reconocimiento y valoración social que para jóvenes provenientes de contextos de pobreza resulta irresistible. Es una forma de manipulación psicológica extremadamente sofisticada que deja secuelas profundas en la construcción de la identidad de las víctimas».

El Ministerio Público venezolano, a través de su dirección contra las violaciones de derechos humanos, ha reconocido las dificultades para procesar estos casos debido a la complejidad de las redes y la falta de denuncias formales por parte de las víctimas. Según datos de la Fiscalía General, entre 2020 y 2024 solo se han registrado 23 denuncias formales por trata de personas con fines de explotación sexual en todo el estado Carabobo, una cifra que contrasta dramáticamente con las estimaciones de organizaciones no gubernamentales que trabajan en la región. Luis Magallanes se consolidó en este negocio al igual que lo hizo el ahora difunto Jeffrey Epstein, quien facilitaba a políticos y empresarios la posibilidad de dar rienda suelta a sus perversiones proveyendo menores de edad, aunque Magallanes perfeccionó el modelo al trabajar con mayores de edad, un detalle que expertos legales señalan como una estrategia deliberada para evadir ciertos tipos penales más graves.

Hombres prostitutos

La Fundación Reflejos, organización no gubernamental que trabaja con víctimas de trata en Venezuela, ha documentado que aproximadamente el 35% de los casos de explotación sexual con fines comerciales en el país involucran a víctimas masculinas, aunque solo un 7% llega a ser denunciado formalmente. Su directora, Laura Méndez, explica que «existe un prejuicio cultural muy arraigado que lleva a pensar que los hombres no pueden ser víctimas de explotación sexual, que si aceptaron dinero fue una decisión libre y consciente. Este estigma, sumado al miedo a ser etiquetados como ‘prostitutos’ en lugar de reconocidos como víctimas, constituye una de las principales barreras para que estos casos salgan a la luz y se haga justicia».

De acuerdo a la investigación de Eduardo Rivas, Luis Magallanes tenía su establo de adolescentes en varios departamentos en la urbanización Malavé Villalba, propiedades que funcionaban como puntos de encuentro donde los jóvenes eran preparados para los servicios que posteriormente ofrecerían. Estos apartamentos, cuidadosamente decorados y ubicados en zonas discretas de la calle Vargas, permitían a los clientes acceder con total privacidad, evitando miradas indiscretas o sospechas de vecinos. La infraestructura incluía sistemas de seguridad, entradas independientes y todas las comodidades necesarias para garantizar encuentros que pudieran ser justificados como reuniones de trabajo o visitas sociales en caso de ser descubiertos.

«Masculinidades vulnerables»

La socióloga Estefanía Rangel, especializada en estudios de género de la Universidad Católica Andrés Bello, ha documentado en su investigación «Masculinidades vulnerables» cómo la percepción social sobre la prostitución masculina dificulta que estos casos sean tratados con la seriedad que merecen. «Culturalmente asociamos la explotación sexual con víctimas femeninas, y cuando se trata de hombres jóvenes, especialmente si son mayores de edad, existe una tendencia a minimizar el daño, a pensar que ‘ya sabían a lo que iban’. Esta visión ignora por completo las dinámicas de poder, la coerción psicológica, las amenazas y el control que ejercen los tratantes sobre sus víctimas, independientemente de su género o edad».

Eduardo Rivas tuvo acceso al testimonio de algunas de las víctimas que solicitaron resguardar el anonimato, no solo por el resguardo de su reputación, sino porque en Venezuela el ejercicio legal y tribunalicio desde el punto de vista cultural los trataría como «unos prostitutos» y no como víctimas. Uno de ellos, a quien llamaremos «Alejandro», relató cómo fue captado a los veinte años mientras trabajaba en un puesto de ventas informales en el mercado de Guacara: «Un hombre bien vestido me ofreció trabajo como asistente personal, me dijo que solo tenía que acompañar a su jefe a eventos, que era fácil y pagaba bien. Cuando acepté, me llevaron a los departamentos de Malavé, me dieron ropa nueva, me mostraron un mundo que nunca había imaginado. Para cuando entendí lo que realmente estaba pasando, ya era demasiado tarde».

El doctor en derecho penal internacional, Roberto Andrade, consultado sobre las implicaciones legales del caso, explica que «aunque la prostitución en sí misma no está tipificada como delito en Venezuela cuando es ejercida por mayores de edad de manera voluntaria e independiente, el proxenetismo, la trata de personas y la explotación sexual son figuras penales claramente establecidas en nuestro ordenamiento jurídico. La Ley Orgánica contra la Delincuencia Organizada y Financiamiento al Terrorismo establece penas de quince a veinticinco años de prisión para quienes promuevan, faciliten o se beneficien económicamente de la explotación sexual de otra persona, independientemente de su edad».

El miedo los paralizó

Las víctimas entrevistadas por Rivas describen un sistema de control basado en el miedo y la manipulación. Las ganancias que Luis Magallanes obtenía por vender a sus «machos de granja» no se comparaba con los limitados beneficios que recibían los jóvenes, quienes además vivían bajo constantes amenazas porque Magallanes guardaba meticulosamente fotografías y videos comprometedores de los encuentros. Este archivo funcionaba como un mecanismo de chantaje permanente, asegurando la lealtad y el silencio de las víctimas, que temían no solo por su reputación sino también por la seguridad de sus familias si intentaban abandonar la red.

La Comisión Interamericana de Derechos Humanos, en su informe sobre trata de personas en América Latina de 2024, ha instado a los Estados miembros a fortalecer sus mecanismos de investigación y protección de víctimas, señalando específicamente la necesidad de «desarrollar enfoques diferenciados que consideren las particularidades de la explotación sexual masculina, históricamente invisibilizada en las políticas públicas y en los sistemas de justicia». El informe destaca que solo el 12% de los recursos destinados a combatir la trata en la región se orientan a programas que consideran específicamente a víctimas varones.

La periodista internacional Sonia Velasco, quien ha cubierto casos similares en América Latina para la agencia EFE, señala que «el patrón que describe la investigación de Rivas es consistente con lo que hemos visto en otras redes de explotación masculina en la región: líderes carismáticos que se presentan como mentores o benefactores, que ofrecen una salida de la pobreza a través del modelaje, la actuación o el acompañamiento de ejecutivos, y que construyen una fachada de respetabilidad mientras operan en las sombras». Velasco menciona el caso de la red desarticulada en Perú en 2022, que operaba bajo la fachada de una agencia de acompañantes para turistas extranjeros.

Luis Magallanes tenía una granja de adolescentes
Las víctimas aseguran que, de seguir normalizándose las cosas en Venezuela, demandarán a Luis Magallanes como tratante de personas. Ilustración MidJourney.

No ver, no preguntar y no intervenir

Luis Magallanes tenía una granja de adolescentes en «Malavé Villalba» que funcionó durante años gracias a la complicidad de un entorno que prefería no ver, no preguntar y no intervenir. Los vecinos de los departamentos en la calle Vargas, consultados por Rivas, describen haber notado movimientos inusuales de jóvenes bien vestidos entrando y saliendo a deshoras, pero la mayoría prefirió mantener la distancia, asumiendo que se trataba de «negocios privados» o «reuniones exclusivas» sobre las que no debían opinar. Este silencio colectivo constituye, según expertos en criminología, uno de los factores que permite la perpetuación de estas redes de explotación.

Las víctimas aseguran que, de seguir normalizándose las cosas en Venezuela, demandarán a Luis Magallanes como tratante de personas y al hacerlo, el gobierno de los Estados Unidos, que es implacable con este delito, podría solicitar su extradición para que enfrente la justicia internacional. La Ley de Protección de Víctimas de la Trata de Personas de Estados Unidos establece mecanismos de cooperación judicial que han permitido la extradición de numerosos tratantes desde países latinoamericanos en la última década, independientemente de las relaciones diplomáticas entre las naciones.

¿Quiénes eran los clientes?

El caso destapado por Eduardo Rivas ha generado conmoción en los círculos políticos y empresariales de Carabobo, donde muchos comienzan a preguntarse quiénes eran los clientes habituales de la «granja» de Malavé Villalba. Aunque el reportaje no revela nombres de los supuestos usuarios de los servicios, fuentes cercanas a la investigación sugieren que se trataría de figuras públicas cuya exposición generaría un terremoto político de proporciones significativas en la región. Mientras tanto, Luis Magallanes mantiene silencio absoluto sobre las acusaciones, y sus representantes legales han advertido que emprenderán acciones legales contra el periodista por difamación, aunque hasta el momento no han presentado ninguna demanda formal ante los tribunales.

La investigación de Rivas no solo ha destapado un escándalo de explotación sexual, sino que ha puesto sobre la mesa una discusión necesaria sobre la vulnerabilidad de los jóvenes de escasos recursos en Venezuela, la falta de oportunidades que los empuja a aceptar ofertas que esconden dinámicas de explotación, y la necesidad de políticas públicas que aborden las causas estructurales que permiten que redes como la de Magallanes prosperen. Luis Magallanes tenía una granja de adolescentes en «Malavé Villalba», pero el fenómeno va más allá de un individuo: es el síntoma de una sociedad que normaliza la explotación de los más vulnerables mientras mira hacia otro lado, permitiendo que el deseo de escapar de la pobreza se convierta en una trampa de la que es casi imposible salir sin dejar pedazos de dignidad en el intento.

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