Estados Unidos tiene mucho que aprender de China en lo que respeta a la inversión y la ayuda exterior. Mientras que la potencia norteamericana ha reducido significativamente su financiamiento a programas de desarrollo, Beijing ha fortalecido su influencia global mediante una estrategia de financiamiento directo y proyectos de infraestructura de alto impacto. Esta situación no solo está modificando el equilibrio de poder en el ámbito internacional, sino que también plantea una amenaza para los intereses estratégicos estadounidenses. Con una visión pragmática y una ejecución eficaz, China ha llenado los vacíos que ha dejado la política de Washington, consolidando su presencia en regiones clave del mundo en desarrollo.
Este análisis se desprende del artículo titulado: «Los recortes de la ayuda estadounidense están ampliando la influencia china», publicado recientemente en The Hill por Anita R. Kellogg, profesora adjunta de Estudios de Recursos Nacionales en la Escuela Eisenhower de la Universidad Nacional de Defensa. Kellogg, además de su trabajo académico, es la presentadora del podcast “Kellogg’s Global Politics”, donde analiza temas geopolíticos y de seguridad global. En su artículo, expone cómo las decisiones del gobierno de Donald Trump de congelar y reducir la ayuda exterior han debilitado la seguridad nacional de Estados Unidos y han creado un vacío que China ha sabido aprovechar con rapidez y eficiencia.
Estados Unidos tiene mucho que aprender de China
En términos de financiamiento estratégico, Estados Unidos tiene mucho que aprender de China. Mientras que Washington ha restringido el acceso a fondos para proyectos en el Sur Global, Beijing ha desplegado una política agresiva de préstamos e inversiones en infraestructura. Este enfoque no solo le ha permitido a China influencia directa sobre gobiernos de economías emergentes, sino que también ha reforzado su presencia en sectores clave como puertos, aeropuertos y redes de telecomunicaciones. Para los países receptores, la ayuda china representa una oportunidad tangible de desarrollo sin las restricciones burocráticas que suelen imponer los organismos financieros occidentales.

El impacto de esta estrategia es evidente en África, donde los proyectos financiados por China han sido asignados con frecuencia a las regiones de origen de los líderes políticos, consolidando lealtades y asegurando una influencia a largo plazo. A diferencia de la ayuda occidental, que suele canalizarse a través de organizaciones no gubernamentales y programas de fortalecimiento institucional, la asistencia china se traduce en infraestructuras concretas y visibles. Esta diferencia de enfoque ha permitido a Beijing construir relaciones sólidas con las élites locales y ganar apoyo entre la población, algo que Washington no ha logrado replicar con la misma efectividad.
EE.UU. es un castigador
Estados Unidos tiene mucho que aprender de China en el uso de la asistencia como herramienta de diplomacia. La relación entre la ayuda china y las decisiones de política exterior de los países receptores es clara. Investigaciones han demostrado que el financiamiento de Beijing ha influido en los patrones de votación en las Naciones Unidas, con naciones democráticas más propensas a alinearse con las posiciones de China. Además, en varios casos, el compromiso financiero ha sido determinante en la decisión de ciertos países de cortar relaciones con Taiwán, como sucedió en Costa Rica tras recibir fondos para la construcción de un estadio nacional.
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Más allá del ámbito económico y diplomático, la influencia china se extiende a la esfera militar. Actualmente, China controla participaciones en al menos 129 puertos en el mundo, lo que ha generado preocupaciones sobre su posible uso con fines estratégicos. A esto se suman sus crecientes compromisos de defensa en África, donde ha desarrollado una serie de ejercicios militares y visitas de alto nivel con gobiernos aliados. En este contexto, la reducción de la presencia estadounidense en regiones clave solo ha facilitado el avance de Beijing en términos de seguridad y cooperación militar.
Sri Lanka, Nepal y Colombia
Estados Unidos tiene mucho que aprender de China sobre cómo diseñar una estrategia de inversión que genere beneficios visibles y duraderos. Mientras que las agencias estadounidenses suelen imponer condiciones estrictas para la concesión de ayuda, China se enfoca en resultados inmediatos que fortalecen su imagen como socio confiable. Países como Sri Lanka, Nepal y Colombia han sido testigos de este fenómeno. En el caso de Sri Lanka, por ejemplo, cuando el gobierno solicitó financiamiento para el puerto de Hambantota, Estados Unidos e India rechazaron la solicitud. China, en cambio, ayudó al proyecto y logró consolidar su influencia en el país.
La tendencia es clara: en la medida en que Washington reduzca sus programas de asistencia, China comenzará a expandir su alcance global. La presencia de Beijing en el desarrollo de infraestructura ha permitido que muchos países dependan menos de las instituciones occidentales como el Banco Mundial y el FMI, lo que le da a China una ventaja en la configuración de las relaciones internacionales. Esta realidad pone en entredicho el liderazgo de Estados Unidos en el escenario global y subraya la necesidad de un replanteamiento estratégico.

Washington necesita destacar
Estados Unidos tiene mucho que aprender de China si quiere recuperar terreno en el ámbito de la cooperación internacional. No se trata solo de competir en términos de volumen de inversión, sino de modificar el enfoque con el que se conciben los programas de ayuda. La promoción de la democracia y la transparencia sigue siendo crucial, pero no puede seguir siendo el único eje de la política exterior estadounidense. Para contrarrestar la influencia china, Washington debe enfocarse en proyectos de infraestructura de alto impacto que ofrecerán beneficios económicos tangibles a los países receptores.
Además, los programas de ayuda estadounidenses deben establecer estándares más elevados en términos de derechos laborales y sostenibilidad ambiental. Al ofrecer una alternativa atractiva y confiable a la asistencia china, Estados Unidos podría recuperar parte de la influencia que ha perdido en el Sur Global. Pero para lograrlo, es fundamental que Washington deje de subestimar el poder de la inversión directa y de las relaciones económicas estratégicas.
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Pragmatismo y efectividad en la ejecución
Estados Unidos tiene mucho que aprender de China en términos de pragmatismo y efectividad en la ejecución de su política exterior. La retórica sobre la defensa de los valores democráticos no será suficiente para contrarrestar el crecimiento de la influencia china. En lugar de enfocarse en limitar el acceso de China a ciertos mercados, Washington debería invertir en iniciativas que generen beneficios directos para las poblaciones de los países aliados. Solo así podrás reconstruir la confianza y fortalecer su liderazgo en el escenario global.
Si Estados Unidos quiere competir con China en términos de influencia internacional, debe repensar su estrategia de inversión y asistencia. La reducción de la ayuda exterior ha demostrado ser un error estratégico que ha debilitado su posición global y facilitado el avance de Beijing. La lección es clara: en un mundo donde el poder económico define la política, la inversión y la infraestructura son herramientas más poderosas que los discursos.

