Reconstruir la industria en EE.UU. representa un formidable desafío, especialmente en un contexto donde la dependencia de componentes críticos como los imanes de tierras raras pone en riesgo la seguridad nacional. Durante décadas, Estados Unidos lideró la innovación y la producción en numerosos sectores industriales; sin embargo, la desindustrialización progresiva ha dejado a la nación en una posición vulnerable, particularmente en lo que respecta a la defensa.
Jon Emont, quien es reportero del sudeste asiático para The Wall Street Journal y reside en Singapur, ha analizado profundamente los desafíos que enfrenta Estados Unidos. En su pieza titulada “La máquina de guerra estadounidense funciona con imanes de tierras raras. China es dueña de ese mercado”, Emont detalla cómo las necesidades de defensa de Estados Unidos están impulsando un renacimiento industrial ante la dominación china en el mercado de los imanes de tierras raras.
Dinero para la industria en EE.UU.
La industria en EE.UU. ha llegado a un punto crítico donde la reactivación se ve obstaculizada no solo por la competencia internacional, sino también por las propias políticas y prácticas económicas del pasado. Los imanes de tierras raras, esenciales para equipos militares como los aviones de combate F-35 y los submarinos nucleares, son mayoritariamente producidos en China, lo que complica la situación. Actualmente, China controla el 92% de la producción mundial de estos imanes críticos, lo que limita severamente las opciones de Estados Unidos en caso de un conflicto geopolítico o de restricciones comerciales.

En respuesta, el gobierno de EE.UU. ha lanzado iniciativas, incluyendo subvenciones y créditos fiscales, destinadas a revitalizar esta industria vital. Sin embargo, como señala Anthony Di Stasio, un alto funcionario de defensa estadounidense, no es posible simplemente «accionar un interruptor» para restablecer la capacidad industrial perdida. El camino hacia la recuperación es lento y está lleno de desafíos logísticos y financieros.
Imanes, tierras raras y escasez
Por otro lado, la producción de imanes en EE.UU. no sólo enfrenta el gigantesco peso del mercado chino, sino también la escasez de talento y la necesidad de tecnología avanzada para competir a nivel global. Según Moshe Schwartz, investigador principal de política de adquisiciones en la Asociación Industrial de Defensa Nacional, exigir a los proveedores de defensa que adquieran imanes más caros fabricados en EE.UU. aumentaría los costos significativamente, lo que podría repercutir en el número de sistemas de defensa que el país es capaz de adquirir.
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Además de la defensa, otras industrias que dependen de estos imanes, como la de vehículos eléctricos y la de energía renovable, enfrentan dilemas similares. Estas industrias necesitan componentes fiables y asequibles para expandirse y competir en el mercado global. Empresas como General Motors han acordado comprar imanes estadounidenses, lo que es un paso positivo, pero la pregunta persiste sobre quién más se unirá a esta iniciativa.
Los esfuerzos para reconstruir la industria en EE.UU. también están marcados por complicaciones geopolíticas y económicas. Una campaña de desinformación en redes sociales, conocida como «Dragonbridge», ha tratado de socavar los proyectos de tierras raras en el país, mostrando la naturaleza multifacética del desafío.
Aun no hay garantías
El futuro de la industria estadounidense en sectores críticos como el de los imanes de tierras raras es incierto. Aunque la financiación gubernamental ha ayudado, la capacidad de EE.UU. para recuperar su liderazgo industrial y asegurar su defensa nacional está lejos de ser garantizada. La reconstrucción de la industria en EE.UU. es, sin duda, una tarea cuesta arriba que requerirá más que solo inversión financiera; necesitará una estrategia comprensiva que aborde tanto los desafíos internos como los externos.
La situación se complica aún más por la legislación vigente en EE.UU., que impone restricciones severas sobre el uso de imanes fabricados en China para equipos militares, ampliándose pronto a todos los imanes que contengan materiales procesados o extraídos en China. Esta medida, aunque necesaria para la seguridad nacional, restringe aún más el mercado y obliga a EE.UU. a depender de un número muy limitado de proveedores internacionales, complicando los esfuerzos por revitalizar la manufactura nacional de estos componentes críticos.
Mucho dinero para flotar
La inversión en la infraestructura necesaria para la extracción y procesamiento de tierras raras dentro del país es monumental. La construcción de la primera fábrica de imanes de tierras raras en Carolina del Sur por parte de la empresa alemana VAC es un ejemplo de cómo el gobierno está tratando de fomentar esta industria. Esta planta, que recibió una inversión significativa del Departamento de Energía, simboliza un cambio hacia una mayor independencia. Sin embargo, los retos no se limitan solo a la construcción de fábricas. La formación de talento local y el desarrollo de tecnologías avanzadas son igualmente críticos para garantizar que la industria pueda sostenerse y competir a largo plazo.

El desafío de precios también juega un papel crucial en esta ecuación no solo la inversión en la industria de EE.UU. La investigación del Departamento de Comercio de Estados Unidos reveló que la posición dominante de China permite fijar precios tan bajos que desincentivan la producción local por no ser comercialmente viable. Esta dinámica ha dejado a EE.UU. en una posición de desventaja, donde reactivar la fabricación local de componentes críticos como los imanes de tierras raras se ha convertido en una tarea ardua.
En este contexto, la defensa nacional se ve directamente afectada. La dependencia de fuentes externas para componentes críticos no solo pone en riesgo la seguridad, sino que también compromete la capacidad del país para mantener una respuesta rápida y efectiva en tiempos de crisis. La autarquía en la producción de materiales esenciales se ha convertido en un objetivo estratégico para el gobierno de EE.UU., aunque alcanzarlo será un proceso lento y costoso.
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Invertir, innovar y ser mejor
La industria en EE.UU. enfrenta, por tanto, una carrera contra el tiempo. Necesita no solo reconstruir capacidades que han sido erosionadas o externalizadas, sino también innovar para adelantarse a las restricciones y desafíos futuros. La colaboración entre el gobierno, la industria y las instituciones académicas será fundamental para fomentar un ecosistema que pueda sostener y avanzar la fabricación nacional.
A pesar de los obstáculos, hay señales de progreso. Empresas y startups están empezando a responder al llamado, con incentivos gubernamentales que facilitan un poco la carga financiera. Pero el verdadero éxito de estos esfuerzos dependerá de la capacidad de Estados Unidos para ofrecer un entorno competitivo y sostenible para la manufactura de tecnologías avanzadas. La reindustrialización es, por tanto, más que una necesidad; es una imperativa estratégica que Estados Unidos no puede permitirse ignorar.
La reconstrucción de la industria en EE.UU. es una misión crítica que va más allá de la simple manufactura. Afecta directamente a la defensa nacional y al status de EE.UU. como líder mundial en tecnología e innovación. Si bien el camino es cuesta arriba, el compromiso con la reindustrialización será decisivo para el futuro económico y la seguridad del país.

